El temible rotavirus

Cuando nació el Cachorro ya desde las primeras visitas su pediatra empezó a hablarme de las vacunas que le debía poner, y me aconsejó que le pusiera la del rotavirus. Me explicó que es un virus que causa unas gastroenteritis muy severas, que casi siempre acaban en hospitalización, y que si podía permitírmelo (tres dosis a 70€ cada una hacen un total de un dineral) ella recomendaba ponerla. No me lo pensé dos veces y le dije que adelante, Rotatek para el Cachorro al precio que fuera.

Aunque han pasado muchos meses, todo esto viene a cuento porque hace un mes el Cachorro pilló un rotavirus.

Después de varias semanas sin ir a la guardería, recuperándose de la última tanda de problemas digestivos, por fin el Cachorro había vuelto a su clase. Y cuatro días más tarde, vuelta a empezar. El viernes al recogerlo su profe me advirtió de que había hecho dos cacas muy malas, y al llegar a casa empezaba a subirle la fiebre, que esa noche llegó a 38.5 y a la mañana siguiente a 39.5, a pesar de estar tomando apiretal e ibuprofeno cada tres horas.

El sábado fue el día grande, con una diarrea continua que nos hizo llevarlo a urgencias. El primer diagnóstico fue simplemente gastroenteritis, había que controlar la fiebre como ya estábamos haciendo y procurar que tomara más líquidos de los que perdía con las deposiciones. Total, que por la tarde tuvimos que volver, porque bastaba con darle un sorbito de suero para que saliera todo por el pañal a los tres segundos, algo incontenible.

La segunda vez en urgencias al Cachorro ya le sacaron sangre para un análisis y de paso le dejaron una vía puesta por si luego hacía falta darle suero. Dos horas más tarde llegaron los resultados: deshidratación. Y la causa, el dichoso rotavirus.

Me sorprendió, puesto que el Cachorro tiene todas las dosis de la vacuna ya puestas, pero según me dijo la pediatra eso no aseguraba la inmunidad, aunque al menos hacía que el caso fuera muchos menos grave que si no la tuviera. Al final pasó el fin de semana ingresado en aislamiento, pero seguramente habrían sido 15 sin la vacuna, así que fue una buena decisión.

Por fin el lunes, hidratado y sin fiebre, le dieron el alta, y una serie de instrucciones sobre la dieta recomendada durante los próximos días: arroz, zanahorias, patatas cocidas, pollo… Evitar los fritos, el exceso de grasa y el exceso de azúcar. De sentido común, vamos. Por eso es más sangrante aún el contraste con la comida que le daban al Cachorro en el hospital.

A nosotros nos correspondería el hospital de Alcalá de Henares, pero como en la Comunidad de Madrid se puede ir al que uno quiera, normalmente vamos al de Torrejón de Ardoz, que está más cerca de casa, es más nuevo y en general tiene menos gente en Urgencias. En esta ocasión hicimos así, y tengo que decir que la atención fue buena. Los pediatras, enfermeros y en general todo el personal sanitario fueron en general atentos y amables, incluso la señora de la limpieza le trajo unos juguetes al Cachorro para distraerlo, al ver que el pobre estaba harto de estar encerrado. Pero la comida, menuda basura.

El Hospital Universitario de Torrejón de Ardoz es uno de esos de gestión privada que tenemos en la Comunidad de Madrid. No de los primeros que hizo Espe, sino de los que vinieron después siguiendo su ejemplo, con la lamentable excusa de que la gestión privada era más eficiente. Pues señores gestores públicos, si no saben hacerlo mejor, no se presenten al cargo, pero no le regalen los servicios públicos a las empresas de sus amigotes. Porque luego esas empresas a lo que se dedican no es a proporcionar un servicio de calidad, sino a enriquecer a susodichos amigotes. Así que un hospital, aunque el personal pueda ser estupendo, es malo si proporciona a sus pacientes una comida espantosa. Y además parecen incapaces de ver la diferencia entre un niño de año y medio que está empezando a comer sólidos y un niño ya mayor. Si el Cachorro al salir de allí debía hacer una dieta de arroz y pollo y evitar los fritos no entiendo que durante su ingreso le dieran empanadillas precocinadas con patatas fritas, o pasta con tomate frito de bote. Cuando sugerimos que tal vez comería mejor una tortilla francesa le trajeron un ladrillo de huevina cuajado de bodoques de jamón cocido (es un decir, aquello sabía a bacon). Al Cachorro le bastó un simple vistazo para cerrar la boca y pasar del tema.

Además, al tratarse de uno de esos hospitales estrella de trato esmerado de los que presume nuestra amiga del  “hola, majete”, traían también una bandeja de comida para el acompañante del enfermo, lo cual sería un magnífico detalle, es verdad… si fuera comestible. La única cualidad que se le podría atribuir a la comida es que desde luego parece muy barata. Supongo que es lo que se entiende por “gestión eficaz”.

Otro ejemplo: la limpieza. Estando aún en Urgencias el Cachorro manchó la sábana de la cama al cambiarlo de pañal. Una gotita, pero la manchó, así que un auxiliar extendió un empapador grande sobre la sábana y colocó al niño encima. Como medida provisional, vale. Pero esto fue el sábado por la noche, y en esa misma cama lo subieron a planta. Las mismas sábanas las tuvo todo el domingo, y el lunes por la mañana, como ya figuraba que era probable que le dieran el alta, tampoco se las cambiaron. Así que pasó todo el fin de semana con unas sábanas no solo sucias, sino altamente contagiosas.

La próxima vez que tenga que ir a Urgencias me voy a pensar mucho a qué hospital ir. La próxima vez que tenga que ir a votar no lo tengo que pensar nada, por suerte hace tiempo que lo tengo muy clarito.

 

El Cachorro ya es persona

Pues sí, con 17 meses el Cachorro ya es persona. No quiero decir con esto que hasta ahora no fuera un ser humano, claro está. Pero ha empezado por fin a comunicarse, a decir lo que quiere, o más bien lo que no quiere, y a mostrar su carácter.

En el apartado vocabulario por ahora está la cosa bastante limitada. Si nos basamos en la frecuencia de uso, la palabra es no. Lo dice con contundencia, con voz grave y en ocasiones alargando la o para dar más énfasis: noooo. Por ejemplo, si yo le pregunto: “Pero hijo, ¿no tienes sueño?“, porque son las 11 de la noche y seguimos de marcha, la respuesta es uno de sus noes largos, con movimiento de dedito incluido. Me está bien empleado por preguntar tonterías.

Del no sabemos nada. Si la respuesta es afirmativa se produce el silencio, ni siquiera un gesto con la cabeza. Yo creo que se hace el sueco y que sería perfectamente capaz de decirlo, pero que no le da la gana. Me ha salido contestatario, está claro.

Otra palabra que usa mucho es hola, pero ésta se emplea únicamente con desconocidos o para los teléfonos, haya llamada o no. Que no me espere yo un saludo cuando me ve, porque no va a pasar. Y no dice adiós, pero sí que hace el gesto con la mano, y cuando corresponde. El pitá-pitá es el chupete y le hace mucha gracia que intentemos corregirlo pero sigue diciéndolo a su manera. También dice cocóoo, con mucho entusiasmo para referirse a los cocodrilos e, incomprensiblemente, a los pingüinos. El resto de las cosas son ca (luna, cuento…) o pa (zapato, pelota…) acompañados de un gesto enfático con el dedo.

La cuestión es que aunque aún no habla apenas, entiende prácticamente todo lo que se le dice y da su opinión al respecto, casi siempre contraria. Esta misma mañana se despertó muy temprano y me llamó, pero más bien para comprobar que yo estaba cerca que porque quisiera algo. Me acerqué a su cuna y le pregunté si quería venirse conmigo. Me dijo que no, se volvió a acostar y siguió durmiendo.

Me hace mucha gracia ver cómo va mostrando su personalidad, sus gustos y su sentido del humor. Cada día es más niño y menos bebé.

Boca mano pie, segundo round

Ayer a primera hora llevé al Cachorro a sacarle sangre para los análisis genéticos de intolerancia al gluten. Hacía un frío horroroso tan temprano, así que íbamos como el muñeco de Michelín, hechos unas bolas de ropa y bufandas.

Nos atendieron muy rápido, porque a los niños siempre los pasan los primeros. La enfermera que lo iba a pinchar estuvo un buen rato buscando una vena antes de pincharlo, mientras el Cachorro ya iba calentando los pulmones, viendo lo que se avecinaba. Finalmente la enfermera lo pinchó, mientras otro compañero suyo le sujetaba el bracito. Pero al parecer no lo hizo con la suficiente fuerza, seguramente porque le daba miedo hacerle daño, así que se movió y dejó de salir la sangre. Así que la enfermera lo echó de allí y mandó venir a otra, que seguramente no tenía piedad, y lo pincharon de nuevo en el otro brazo. A todo esto, el Cachorro llorando a grito pelado, por supuesto.

Total, que después del mal trago, cuando volvimos a casa el Cachorro se quedó dormido, lo que no me pareció raro, que los berrinches cansan un montón. Pero después de dos horas de siesta se despertó malhumorado y muy flojito, y quería seguir durmiendo. No quiso comer nada, así que lo llevé a la pediatra, porque no se estaba comportando de forma normal.

Ya lo he comentado en alguna otra ocasión, que no comprendo cuando la gente dice que es bueno mandar a los niños a la guardería porque allí se contagian de todo y así se inmunizan. Ponerse enfermo para después no ponerse enfermo no me parece ninguna ventaja, será porque soy de ciencias pero para mí la suma es cero. Y además en muchos casos, ni eso. Porque resulta que el Cachorro, por segunda vez en un mes, tiene el virus boca mano pie. Yo me quedé muy sorprendida cuando la pediatra me dio el diagnóstico, que por otra parte está muy claro puesto que tiene las ampollitas en la boca. Le dije que ya lo había tenido, y ella me contestó que de este virus no se inmunizan y que lo pueden coger un montón de veces.

Así que ayer el Cachorro se pasó todo el día durmiendo y sin querer comer apenas nada, pero hoy se ha levantado ya mucho mejor y ha estado generando caos a su ritmo habitual. Y yo estoy aún más convencida de que las guarderías son un mal necesario que las leyes de conciliación espantosas e insuficientes que tenemos en este país nos obligan a aceptar, pero que los niños, tan pequeñitos, están mucho mejor en su casa.

Papá Noel y la gramática

Las Navidades han llegado y Papá Noel ha dejado un montón de cuentos para el Cachorro, entre ellos su favorito de la guardería, del que ya hablé otro día aquí, y que ha sido un éxito absoluto. Pero hoy quiero hablar de otro de los cuentos, y no de forma favorable precisamente.

Se trata de una versión del clásico El lobo y las siete cabritas, de la Editorial Panini Books, de su serie Cuentos para bebés. Me temo que Papá Noel lo escogió sin revisarlo a fondo, tan solo se fijó en que las ilustraciones eran bonitas y que tenía algo de texto, pero poco más. Ha sido al leérselo por primera vez al Cachorro cuando me he dado cuenta de la mala calidad del cuento.

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Da la impresión de que algunos editores consideran que si un libro está dirigido al público infantil la calidad del lenguaje no importa, cuando yo creo que es al contrario, es algo esencial. Uno intenta fomentar la lectura en los niños desde muy pequeños en primer lugar porque es algo divertido con lo que podrán disfrutar toda su vida, pero además porque les ayudará a mejorar el lenguaje y a ampliar su vocabulario. Así que cualquier error gramatical me parece gravísimo, puesto que los niños no tienen aún los conocimientos necesarios para detectarlo y lo darán por bueno.

Parece que hay que resignarse a que todos los libros sean leístas, da igual que sean traducciones u originales en castellano, y este cuento no iba a ser menos. Pero tiene una pifia aún más gorda, como se puede ver en la foto.

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Señores de Panini, por favor, explíquenle cómo se utiliza el imperativo a su editor, o corrector, o al becario semianalfabeto al que tengan haciendo el trabajo por un sueldo de miseria. Y si no lo saben, yo se lo explico.A

El imperativo sólo se puede usar en oraciones afirmativas. Por ejemplo, “¡Abrid la puerta!”, sería una frase correcta. Pero nunca, jamás de los jamases se puede usar el imperativo si la oración es negativa, en ese caso se debe utilizar el subjuntivo: “No abráis la puerta”; o si nos queremos poner bíblicos, el futuro: “No abriréis la puerta”. Tampoco es correcto usar el infinitivo, que es el error más común en estos casos: “No abrir la puerta”. Pero eso es poca cosa para los de Panini, que puestos a meter la pata la meten hasta el fondo con su “No abrid la puerta”. De desprendimiento de retina.

Vamos a la fiesta

¿Cómo se fomenta la lectura en un niño? La verdad es que no tengo ni idea. Aparte de lo obvio, que es dar ejemplo leyendo y comprarle libros que le puedan interesar no sé qué es lo que hace que a unos niños les guste leer y a otros no.

En mi casa había muchos libros y mis padres leían los dos, y recuerdo que yo me moría de ganas de aprender a leer. El día que nos enseñaros las vocales en el colegio volví a mi casa dando botes de la emoción, y al día siguiente me fui a clase absolutamente entusiasmada. Creo que ese fue el único día de mi vida escolar en que fui al colegio a gusto, y se me pasó enseguida: no hubo más clases de lectura ni ese día ni durante varias semanas más. Finalmente fue mi madre, al verme tan decepcionada, la que me enseñó a leer una tarde en la que habíamos salido de compras, usando los letreros de las vallas publicitarias y de las tiendas.

Nunca comprendí por qué a la mayoría de mis compañeros no les gustaba leer. A todos los niños les gusta que les cuenten cuentos, y cuando sabes leer un libro es un cuento que se cuenta solo. ¿Qué puede haber mejor?

Esto viene al caso porque me hace pensar que tal vez los niños pierden el interés por los cuentos porque no tienen los que ellos quieren, sino los que les gustan a sus padres. O ninguno, que hay gente por ahí que no gasta en libros. Pero eso es otra historia.

Total, que este año Papá Noel le va a traer varios cuentos al Cachorro, entre ellos el que es su favorito en la guardería: Vamos a la fiesta, de Guido Van Genechten. Se trata de un libro en el que hay que buscar ciertas cosas en las ilustraciónes, por ejemplo, una página está llena de cocodrilos, y hay que encontrar el que no tiene dientes, y cosas así. Según su profe al Cachorro se le ilumina la cara cuando ve el cuento y se vuelve loco con los dibujos, así que me lancé a buscarlo.

vamos

Al final he tenido que comprarlo en Amazon, porque en las librerías que visité estaba agotado, y como en cada una acababa comprando otro cuento que me llamaba la atención, el regalito me estaba saliendo en un ojo de la cara. Así que por sólo 1€ más por los gastos de envío Amazon me lo trajo a casa en un par de días. El balance total, cinco cuentos nuevos para el Cachorro que va a dejar Papá Noel estas Navidades.

Mientras tanto seguimos entreteniéndonos con los que ya tiene, y si nos aburre la historia siempre queda el recurso de meterlo bajo el sofá o bajo el mueble de la tele, que el Cachorro considera que también tiene su gracia.

 

 

Cita con la especialista de Digestivo

Hace ya meses que el Cachorro tiene problemas digestivos, como ya conté aquí. Haciendo un resumen, llevamos desde el mes de julio con diarreas continuas, pidiendo a la pediatra que nos derivara al especialista. Primero eliminamos el gluten de la dieta y mejoró algo, y ya al final, por pura desesperación, eliminé también la lactosa, y ahí sí que se notó un cambio.

La última vez que hablé de este tema estábamos esperando los resultados del test de la celiaquía, que salió negativo. Y ahí ya por fin la pediatra accedió a derivarnos a Digestivo, después de tres meses pidiéndoselo. No sé por qué se comportan como si alguien les fuera a llamar la atención por enviar a un niño al especialista, pero no me parece normal. Además, una vez que el pediatra pide la cita luego hay que esperar un siglo para finalmente tener la cita. En nuestro caso nos la pidieron la primera semana de noviembre, y nos llamaron para darnos cita el 15 de diciembre.

Por supuesto, los días iban pasando y el Cachorro seguía con sus diarreas intermitentes, completamente líquidas y sin querer comer nada, así que en una de esas me planté en Urgencias, y por una vez tuvimos un golpe de suerte. ¡La doctora que nos atendió era especialista en Digestivo!

Por supuesto, me dijo que el que yo estuviera desesperada porque el niño estaba pálido y delgadísimo no era motivo para ir a Urgencias, sobre todo teniendo ya una cita con el especialista, pero ya me debió ver al borde de las lágrimas y se apiadó de nosotros. Me mandó hacer un cultivo para el que tenía que recoger muestras de heces de tres días alternos, para descartar bacterias o parásitos. Además le recetó al Cachorro un antibiótico y probióticos, para asegurarnos de que no fuera todo una gastroenteritis mal curada. ¡Y nos adelantó la cita dos semanas!

Hace dos días que nos atendió, y allí me presenté yo con mi calendario de cacas y con todo lo que comía el Cachorro anotado en una libreta, con lo que la doctora ya me miró con cara rara. Nos confirmó que el cultivo había dado negativo, así que ni infecciones ni parásitos. Las pruebas de celiaquía que nos mandó la pediatra, al llevar el Cachorro pocos días tomando gluten, no eran fiables. Pero como está el pobre tan flaquito yo me he negado a volver a dárselo para repetirlas. En apenas 6 meses su peso ha pasado del percentil 60 al 25, y ahora hace apenas dos semanas que está comiendo bien, así que no me da la gana de estropearlo.

Por suerte la doctora fue comprensiva y nos ofreció una alternativa. Dentro de un mes le harán un test genético, para el que no necesita estar tomando gluten ni lactosa para que el resultado sea fiable. Y un mes después, que es lo que tardan los resultados, volveremos a consulta. Mientras tanto seguiremos con dieta estricta sin gluten ni lactosa, como si estuviera confirmado que el Cachorro es celíaco. Después, ya veremos.

Esto nos da dos meses para recuperar peso y energías, que al pobre le hacen falta. En algún momento de las próximas semanas, cuando lo vea más gordito, empezaré a darle leche de vaca sin lactosa en lugar de la de continuación, que es carísima, pero por ahora no tengo prisa. El Cachorro lleva dos semanas sin diarrea y comiendo como una lima, y ya empieza a tener mejor color, así que no vamos a estropearlo por correr.

Ahora me queda la tarea de coger todas mis recetas de repostería y buscar alternativas a la harina de trigo. Empiezo ahora mismo.

El virus de boca, mano, pie

Ayer por la tarde teníamos cita con la pediatra y con la enfermera del Cachorro. Con la pediatra para revisarle los oídos, después de una semana de gotas, y con la enfermera para ponerle la vacuna de la varicela, que toca a los 15 meses. A media tarde me llamaron del centro de salud para avisarme de que se habían quedado sin la vacuna, para que me ahorrase el paseo, pero les dije que me parecía que iba a tener que ir igual: el Cachorro tenía una temperatura de 39º.

A lo largo de esta semana la clase del Cachorro en la guardería ha ido perdiendo niños, uno o dos cada día, a los que enviaban a casa con fiebre alta. Ayer quedaban cinco niños, de un total de 13. Y claro, a mediodía recibí la llamada fatídica: el Cachorro tenía unas décimas de fiebre. Por si los problemas de intolerancia alimentaria del Cachorro fueran pocos, nos acaba de tocar un premio en forma de virus: el boca, mano, pie.

La verdad es que hasta que tuve al Cachorro no había ni oído hablar de este virus, ni había conocido a nadie que lo hubiera tenido, pero parece que es muy común. La enfermedad produce unas ampollitas muy dolorosas dentro de la boca, y a veces también en las manos y los pies (de ahí el nombre, evidentemente). Da fiebre y los niños se ven muy decaídos y quejosos, y dura alrededor de una semana. Lo único que se puede hacer es tratar los síntomas, con Apiretal para la fiebre y un spray calmante para la boca. Comidas no muy calientes o incluso frías, y nada de frutas ácidas, se salva el plátano y poco más.

En condiciones normales es un fastidio y una pena, porque los niños pasan mucho dolor, pero en nuestro caso aún es peor, porque con el dolor de las ampollas de la boca los niños no quieren comer. Como si el Cachorro no estuviera lo bastante flaquito con sus problemas digestivos, solo nos faltaba una semana más comiendo mal. Ayer ya nos dijeron en la guardería que no había querido comer mucho, aunque por suerte para cenar se tomó un poco de tortilla y su biberón hasta los topes.

Hoy se ha despertado bastante contento y sin fiebre, pero ya se le ven las ampollas hasta en la lengua, aunque por ahora no tiene nada ni en las manos ni en los pies. Esperemos que no vaya a más.