Archivos Mensuales: octubre 2015

Fin de la lactancia materna

Desde hace unos días el Cachorro se alimenta exclusivamente de leche de fórmula. No es que yo no haya querido continuar con la lactancia materna, es que, simplemente se ha acabado.

Mi producción nunca ha sido gran cosa y desde el principio fue necesario complementar su alimentación con fórmula para que ganara peso. Empezamos con 30 ml y fuimos aumentando hasta los 150 ml actuales, porque mi aportación nunca aumentó. Dio igual poner al bebé al pecho a demanda, darle la fórmula con el método jeringa-dedo o con biberón mega-caro de Medela, intentar la Extracción Poderosa o cualquier otro método aconsejado por los grupos de lactancia, el Cachorro acababa cada vez más frustrado y enfadado, además de hambriento, claro. Así que al final tocaba biberón en todas las tomas.

Así ha ido engordando a razón de 250 g a la semana, hasta llegar a los actuales 5,725 Kg que ha dado hoy en la báscula.

Habría preferido poder darle leche materna en exclusiva, al menos estos meses que estoy de baja. Es más sano, se le dan defensas al bebé y desde luego es muchísimo más fácil a la hora de salir con él por ahí. Lo de llevar la leche en polvo, los biberones y el termo con el agua caliente es un engorro, por no hablar de la inmediatez de la teta frente a ponerse a preparar un biberón cuando el Cachorro está berreando de hambre.

Pero es lo que hay, no he tenido la posibilidad de elegir, así que a partir de ahora toca biberón en exclusiva.

A dieta forzosa

Ayer pude ponerme unos vaqueros de antes del embarazo. El mérito no es mío, no me he impuesto ninguna dieta, aunque es verdad que se me ha quitado de golpe el hambre voraz que tenía durante el embarazo, y solo hace una semana que he vuelto a mi clase de pilates. Pero es que el Cachorro no me deja comer.

Muchos padres cuentan que después de nacer sus hijos se pasan 2 ó 3 (ó 4!) años sin dormir toda una noche seguida. Pues en nuestro caso eso no es así, el Cachorro es un bendito que sólo se despierta una vez en toda la noche y se vuelve a dormir él solito en su cuna sin rechistar. Un ceporro que muchas noches duerme 6 horas seguidas desde antes de cumplir los 2 meses, así que en ese aspecto somos afortunados.

Pero las comidas son otra cosa. Este chiquillo tiene un detector que le avisa en cuanto nos sentamos delante de un plato de comida, y de inmediato empieza el llanto. Da igual que sea desayuno, comida o cena, una simple manzana a media mañana o una galleta para matar el hambre, él lo sabe y llora a grito pelado. Creo que desde que nació, el Padre del Cachorro y yo no nos hemos sentado juntos a la mesa ni una vez, nos vamos turnando para que uno coma mientras el otro lo atiende, con lo que uno de los dos come frío. A este paso no solo voy a perder todo el peso extra del embarazo en dos patadas, ¡es que me voy a quedar hecha una sílfide!

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Las primeras vacunas

Ayer el Cachorro cumplió dos meses, así que le tocó revisión tanto con la enfermera como con la pediatra. Esta revisión figura en el calendario de la Seguridad Social, al menos en la Comunidad de Madrid, y en ella se pesa y se mide al bebé, le examinan ojos y oídos, se comprueba una vez más el reflejo de caminar, que ya está a punto de desaparecer, y se comprueba cómo empieza a sujetar la cabeza. La enfermera pregunta por el tipo de alimentación, si el bebé sale a pasear todos los días, si sigue objetos con la vista, si se sobresalta con los ruidos fuertes… En general es una repetición de la revisión del primer mes, salvo por un detalle importante: en esta visita se ponen las primeras vacunas, aparte de la primera dosis de la de la hepatitis B que se les pone en el hospital al nacer.

Ante todo tengo que decir que tanto el Padre del Cachorro como yo estamos totalmente a favor de la vacunación. Los dos hemos viajado a África por trabajo así que estamos vacunados de toda cuanta enfermedad chunga hay por ahí. ¡Creo que a mí solo me falta la de la rabia por poner! Pero no es solo que queramos para nuestro hijo lo mismo que para nosotros, sino que hemos visto el esfuerzo que hacen los padres en esos países para conseguir una mínima atención médica para sus hijos. Que alguien en esta sociedad privilegiada del Primer Mundo quiera renunciar al privilegio de la medicina moderna me parece estúpido, pero que encima lo hagan con sus hijos es simplemente criminal.

Así que no hemos tenido ni un instante de duda a la hora de ponerle al Cachorro las vacunas que le tocaban ayer, es más, compramos también la de rotavirus (¡70 eurazos!) por recomendación de la pediatra.
Las vacunas que le pusieron son las siguientes:

  • Infanrix, que inmuniza contra difteria, tétanos, tosferina, H. influenza b, polio y hepatitis B
  • Menjugate, que protege contra el meningococo C
  • Prevenar13, la vacuna del neumococo que por fin se ha incluido en el calendario de vacunación y ya no hay que pagarla aparte
  • Rotateq, contra el rotavirus que provoca gastroenteritis graves.

En total fueron tres pinchazos que hicieron llorar al Cachorro con desconsuelo y por lo tanto casi también a mí. Después le dieron el Rotateq, que es bebible y que creo que sabe dulce, a ver si se le pasaba el disgusto. Nos quedamos en la sala de espera media hora por si tenía alguna reacción, y luego nos fuimos directos a la farmacia con una receta de Apiretal para la fiebre que ya me advirtieron tendría por la noche.

A eso de las 10 de la noche el Cachorro tenía 37.5º, que no es una fiebre muy alta, pero sobre todo tenía las piernecitas hinchadas y enrojecidas en la zona de los pinchazos, así que le di el Apiretal y se durmió enseguida. Esta mañana se ha despertado sonriente como siempre así que ¡espero que no me guarde rencor!

Las siguientes vacunas le tocarían en la revisión de los 4 meses, pero por recomendación de la pediatra hemos decidido que a los 3 meses le pondremos la primera dosis de la vacuna contra la meningitis B. No está incluida en el calendario así que tendremos que pagarla, pero aunque es una enfermedad de baja incidencia es muy peligrosa, así que no lo vamos a dudar.

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Problemas de porteo

Desde hace unos años se ha puesto de moda portear a los bebés: es decir, llevarlos en mochilas o atados al cuerpo con fulares. Esta última opción a mí me da mucho yuyu, supongo que porque he visto a las africanas  en vivo y en directo cómo los colocan, y tengo claro que no estoy capacitada para hacer esa maniobra. La madre se dobla por la cintura, con lo que el torso queda paralelo al suelo, y con una mano lanza al bebé hacia su espalda, mientras que con la otra coloca la tela con la que va a atarlo. Estoy convencida de que en este país, si viéramos a alguien hacer algo así en la calle, aunque no se le cayese el niño por el otro lado la denunciarían a Protección de Menores. Por supuesto, aquí los niños se llevan delante y no a la espalda, lo que facilita un poco las cosas. Pero las africanas llevan siglos haciéndolo y les va fenomenal, de hecho en Ruanda me han dicho alguna vez que lo de los cochecitos es una aberración, que los niños tienen que sentir el calor y el afecto de su madre.

En cualquier caso, ya sea atado o en mochila, la idea es que puedes tener al bebé contigo y al mismo tiempo tener las manos libres para seguir haciendo cosas, lo que en principio parece muy práctico. Pero me he encontrado con algunos problemillas.

Tengo tres opciones de porteo:

  • El Baby K’Tan, del que dicen que es el mejor para recién nacidos. Es parecido a un fular, pero viene ya cosido, de forma que no hay que atarlo. Yo lo veo como el fular para torpes. Lo compré en Amazon y me costó una pasta.

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  • Una mochila de Emeibaby que me dejó mi prima y en la que su niña iba tan feliz, homologada y ergonómica.

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  • Otra mochila de Jané, prestada por mi cuñada y también homologada y con todas las garantías para llevar bebés desde el primer día.

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Uno pensaría que con tantas opciones mi cachorro tendría alguna preferencia. Pues no. Las detesta todas por igual.

Todos los fabricantes dicen lo mismo en sus instrucciones de uso: cuando el bebé esté tranquilo y contento, meterlo en el portabebés, y si llora volver a sacarlo con calma. Y eso hago, cojo un bebé tranquilo y contento y un minuto más tarde lo tengo llorando a grito pelado, morado de rabia y pataleando por salir de allí, que a veces no me da tiempo ni de terminar de abrochar los cierres antes de que se coja el berrinche.

Es una lástima porque todo aquel que los usa dice que los portabebés te dan la vida, que el churumbel se queda tranquilito y te permite hacer cosas mientras tanto, y no como me pasa a mí que a veces no consigo hacer la cama hasta las 4 de la tarde. Yo de momento lo sigo intentado, con la esperanza de que cuando sujete la cabeza y no se vea tan agobiado acepte alguna de mis muchas opciones de porteo. ¡O tal vez tenga que pasarme al método africano!

El primer viaje

Como al Padre de la Criatura en el trabajo lo han mandado fuera dos semanas, el cachorro y yo nos hemos venido a pasar esos días a casa de mis padres, para no quedarnos solos. Un viaje en coche con un bebé requiere una logística que ríete tú de los preparativos de la NASA para salir al espacio.

En principio pensé en ir en AVE, pero enseguida lo descarté por inviable. Habría tenido que llevar una maleta, el capazo del niño y además la sillita para el coche, o una vez allí no nos habríamos podido mover, así que mis padres vinieron a buscarnos en coche. Y lo llenamos. El maletero hasta los topes, el suelo de los asientos traseros lleno de bolsas, todos los huecos ocupados con sus cosas. ¡Parece mentira la de parafernalia que necesita un bebé! Un montón de ropa para todo tipo de temperaturas, las cosas para el baño, los biberones con su esterilizador y su calentador… He hecho viajes a África con bastante menos equipaje.

Un viaje en coche de 6 horas con un bebé aumenta unas 2 horas más. Resulta que las sillitas de grupo 0 en las que obligatoriamente viajan los bebés son unos aparatos infernales que les destrozarán la espalda de por vida si van metidos en ellas más de 2 horas seguidas. Curiosamente en EEUU nadie usa capazo, los meten directamente en el grupo 0 y los llevan así a todas partes, y no parece que les salga chepa. Pero como yo soy muy obediente con las instrucciones de los pediatras hicimos nuestras paradas de rigor.

La verdad es que mi niño fue un ángel y durmió casi todo el camino, solo lloró un poco cuando ya estábamos llegando. Reservó los lloros para el día siguiente, todo el día sin parar. Yo lo atribuyo a una inflamación de la vanidad provocada por mi madre, que se pasa el día diciéndole: “¿Quién es este bebé tan guapo? ¡Es el más guapo del mundo! ¡Es guapísimo!”

Este ha sido el primer paso para convertir al cachorro en un experto viajero, y no será el último.