Problemas de porteo

Desde hace unos años se ha puesto de moda portear a los bebés: es decir, llevarlos en mochilas o atados al cuerpo con fulares. Esta última opción a mí me da mucho yuyu, supongo que porque he visto a las africanas  en vivo y en directo cómo los colocan, y tengo claro que no estoy capacitada para hacer esa maniobra. La madre se dobla por la cintura, con lo que el torso queda paralelo al suelo, y con una mano lanza al bebé hacia su espalda, mientras que con la otra coloca la tela con la que va a atarlo. Estoy convencida de que en este país, si viéramos a alguien hacer algo así en la calle, aunque no se le cayese el niño por el otro lado la denunciarían a Protección de Menores. Por supuesto, aquí los niños se llevan delante y no a la espalda, lo que facilita un poco las cosas. Pero las africanas llevan siglos haciéndolo y les va fenomenal, de hecho en Ruanda me han dicho alguna vez que lo de los cochecitos es una aberración, que los niños tienen que sentir el calor y el afecto de su madre.

En cualquier caso, ya sea atado o en mochila, la idea es que puedes tener al bebé contigo y al mismo tiempo tener las manos libres para seguir haciendo cosas, lo que en principio parece muy práctico. Pero me he encontrado con algunos problemillas.

Tengo tres opciones de porteo:

  • El Baby K’Tan, del que dicen que es el mejor para recién nacidos. Es parecido a un fular, pero viene ya cosido, de forma que no hay que atarlo. Yo lo veo como el fular para torpes. Lo compré en Amazon y me costó una pasta.

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  • Una mochila de Emeibaby que me dejó mi prima y en la que su niña iba tan feliz, homologada y ergonómica.

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  • Otra mochila de Jané, prestada por mi cuñada y también homologada y con todas las garantías para llevar bebés desde el primer día.

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Uno pensaría que con tantas opciones mi cachorro tendría alguna preferencia. Pues no. Las detesta todas por igual.

Todos los fabricantes dicen lo mismo en sus instrucciones de uso: cuando el bebé esté tranquilo y contento, meterlo en el portabebés, y si llora volver a sacarlo con calma. Y eso hago, cojo un bebé tranquilo y contento y un minuto más tarde lo tengo llorando a grito pelado, morado de rabia y pataleando por salir de allí, que a veces no me da tiempo ni de terminar de abrochar los cierres antes de que se coja el berrinche.

Es una lástima porque todo aquel que los usa dice que los portabebés te dan la vida, que el churumbel se queda tranquilito y te permite hacer cosas mientras tanto, y no como me pasa a mí que a veces no consigo hacer la cama hasta las 4 de la tarde. Yo de momento lo sigo intentado, con la esperanza de que cuando sujete la cabeza y no se vea tan agobiado acepte alguna de mis muchas opciones de porteo. ¡O tal vez tenga que pasarme al método africano!

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