Con la cabeza levantada

El cachorro ha cambiado. Hace unos pocos días era un bebé que comía, dormía e iba aprendiendo cosas gradualmente, intentaba agarrar cosas con las manos y podía sostener la cabeza erguida unos segundos. Pero hace una semana, de repente fue como si alguien hubiera activado un interruptor y pasamos de recién nacido a bebé grande, y además de los moviditos.

Por fin el cachorro empezó a sostener la cabeza de forma continuada, así que decidió que lo de estar en brazos tumbado era para bebés y que él prefería ir vertical, mirando por encima del hombro del porteador de turno como si estuviera asomado al balcón. Pero de vez en cuando aún le fallan las fuerzas y da cabezazos a lo loco, se hace daño en la nariz y se cabrea mogollón, como si la culpa fuera del que tiene un hombro tan poco mullido.

Además de un traste es medio cabra montesa: ayer intentó tirarse de cabeza del cambiador, menos mal que ya le veía las intenciones y lo tenía agarrado de un pie. ¡Y eso que aún no sabe darse la vuelta! Ahora la mayoría de las veces lo cambio sobre la cama, que de momento le va a costar más lanzarse al vacío desde ahí. También debe ser medio gato salvaje, cuando intento cambiarle el pañal empieza a arquear la espalda, levanta el trasero y se empuja con los pies, así que tengo que sujetarlo con una mano e intentar pegar los adhesivos con la otra, mientras él se retuerce intentando soltarse.

En estos días se ha vuelto mucho más locuaz, nos echa unas parrafadas larguísimas de uuus y aaaas, lo que nos da mucha risa, claro. Pero esa no es la reacción que él espera a lo que debe considerar un discurso bien hilado, así que va cambiando el tono hasta alcanzar el de total indignación: un iiiii agudísimo que parece que va a acabar con la cristalería.

Como el padre del Cachorro estuvo otra vez de viaje, nos volvimos a ir a casa de los abuelos, que están encantados y ayudan mogollón en el cuidado del Cachorro. El otro día le pedí a su abuelo que lo vigilara mientras le preparaba el biberón, el último de la tarde, pensando en dormirlo después para que pudiéramos descansar de un día tan movido. Cuando volví con la leche los encontré jugando en el sofá. El abuelo lo levantaba y hacía como que lo dejaba caer, y el Cachorro encantado de la vida, agitando los pies como un loco. Siguió pataleando y dando manotazos todo el tiempo mientras se tomaba el biberón y la hora y media siguiente, hasta que conseguí que se durmiera.

En mi familia ha habido sobre todo niñas. Tengo una hermana menor y dos primas, y recuerdo perfectamente que eran unos bebés tranquilos, que lloraban cuando tenían que llorar pero que luego se quedaban en la cuna o el cochecito sin armar alboroto ni intentar romperse la crisma. Empiezo a sospechar que los niños son distintos. Creo que más nos vale ponernos en forma, porque cuando el Cachorro empiece a caminar esto se va a poner muy duro.

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