Archivos Mensuales: enero 2016

Animales del corral

corralSiguiendo con las reseñas literarias talla 0, hoy os traigo Animales del corral, el absoluto favorito del Cachorro en este momento.

Se trata de un librito con páginas de cartón grueso, que en cada una muestra un ave de corral: el gallo, la gallina, los pollitos, el pato… Y en la zona de la derecha cuenta con una serie de botones que hay que pulsar para que suenen los cantos de cada una de las aves. La idea es írselos enseñando al bebé para que pueda empezar a imitarlos, aunque en nuestro caso no llegamos tan lejos: es abrir el libro y el Cachorro empieza a agitar brazos y piernas, en un despliegue de actividad que no es más que el preludio para cuando por fin empiezan los sonidos. Entonces parece llegar al paroxismo de pura alegría y empieza a aporrear el libro y a intentar agarrarlo para llevárselo a la boca, porque está claro que un objeto tan fascinante hay que llenarlo de babas.

Este libro fue regalo de Navidad de la abuela, que se nota que somos familia de libreros porque no hay Navidad en la que no se regale algún libro. Le regaló otro muy parecido a la niña de mi prima, que ya tiene un año y dos meses, pero sus reacciones son mucho más moderadas. La criatura toca con suavidad los dibujos y dice un “oh” admirado cuando escucha los sonidos, no lo aporrea como si su brazo fuera un mazo. No sé si es por la diferencia de edad, que ya se le nota la madurez, o que por ser niña es más delicada, pero desde luego no se parece en nada a la reacción de mi Cachorro.

En cualquier caso, aunque su apreciación de la literatura de momento se manifiesta con cierta rudeza, está claro que Animales del corral va a seguir siendo su favorito durante una buena temporada.

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La primera papilla

El miércoles hicimos una visita a la pediatra y nos dio indicaciones de empezar ya a darle cereales sin gluten al Cachorro. Fue una sorpresa ya que en la revisión de los 4 meses nos había dicho que seguiríamos solo con leche hasta los 6 meses, pero como el Cachorro ya va a empezar la guardería en breve debió decidir que ya iba siendo hora.

Los cereales (maíz y arroz, ya que el resto tiene gluten) se disuelven en el biberón de leche preparado como siempre, con lo que se espesa. Cuanto más cereal se añade, más espeso, así que se puede poner solo un par de cucharadas y dárselo en el biberón o añadir hasta que tome consistencia de papilla y dárselo con cuchara. Y por ahora se la tenemos que dar dos veces al día, por la mañana y por la noche.

La pediatra insistió mucho en que se lo diera con cuchara para que vaya aprendiendo, así que eso hice. Con el Cachorro en su nueva trona de Ikea súper barata y estupenda y el babero bien colocado, nos pusimos manos a la obra. El Cachorro se unió a la iniciativa con entusiasmo, aunque con puntería desigual. Si conseguía meterle la cuchara en la boca la chupaba con interés y conseguía tragar la mayor parte, pero ciertos movimientos bruscos de cabeza y brazos acabaron con papilla en la oreja, el cuello, el suelo… El embadurne fue general, porque una cosa que no se me había ocurrido hasta enfrentarme a la situación es que el alimentador está en una clara desventaja frente al alimentado: tiene las manos ocupadas. Las dos, porque una hace falta para la cuchara y la otra para sujetar el cuenco, que en la bandeja de la trona y al alcance de los brazos siempre móviles y completamente libres del Cachorro habría durado 2 segundos.

El resultado fue bastante mejor de lo que esperaba. Se comió una gran parte de la papilla, y el resto nos la llevamos puesta: al terminar hubo que cambiarle el pijama y yo tuve que poner a lavar toda mi ropa. Ya he comprado un par de baberos de esos con mangas, a ver si la cosa mejora un poco. Y he decidido que por ahora por las mañanas se la voy a dar en biberón, porque todo el proceso duró unos 45 minutos, y a las 7 de la mañana no lo veo yo.

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Dentro de dos semanas tenemos que empezar con las papillas de fruta, para la merienda, así que ya estamos embalados hacia la comida de adultos. ¡Y eso que el Cachorro aún no ha echado los dientes!

Noche de estreno

Ayer tuvimos noche de estreno, pero no de las de alfombra roja con estrellas de cine, qué va. Lo de ir a ver una película es una actividad del pasado, que tal vez se pueda reanudar dentro de un par de años si tengo suerte, con alguna peli en la que haya animalitos que cantan. Pero dejémonos de nostalgias cinéfilas y vamos al tema.

Anoche el Cachorro estrenó un montón de cosas. Para empezar, un nuevo saco de dormir, que el que tenía ya se le había quedado pequeño. Encontré una oferta estupenda en Amazon, dos sacos de Grobag de la talla 6-18 meses por 55€, cuando normalmente para esa marca ese es el precio de uno solo, así que estamos cubiertos todo este invierno y espero que también el próximo. Son una maravilla, suaves y calentitos, y traen hasta un termómetro para saber la temperatura de la habitación.

Pero también estrenó ¡su cuna grande! Porque en la minicuna el pobre ya no cabe, da con los pies al fondo, y con la tela sobrante del nuevo saco le iba a quedar todavía menos espacio así que fue la excusa para hacer el cambio. La cuna es de las de 70×140 que viene con su cambiador y mil cosas más que en el futuro se desmontan como un puzzle para sacar de ahí una cama normal de 90, una mesilla de noche y hasta un escritorio.

Cuna, deconstruída

Lo que nos lleva al estreno más importante de todos: su cuarto. En el dormitorio la minicuna cabía con calzador, así que no hay forma humana de meter una cuna más grande, ni aunque fuera de las estándar de 60×120, así que no ha quedado más remedio que llevar al Cachorro a su propia habitación.

Y le ha dado igual. Ha dormido como un ceporro, como siempre, solo hizo un poco de ruido a eso de las 5 de la mañana porque se le había caído el chupete, así que se lo di y siguió durmiendo tan pancho hasta las 7, que ya quiso comer. Ni lloros, ni protestas, ni nada de nada. ¡Y yo que pensaba que me iba a echar de menos! Pues no ha habido el menor drama. Visto el panorama, me parece que voy a ser yo la única que llore cuando empiece la guardería.

El Cachorro nos trae de cabeza

Mañana el Cachorro cumplirá 5 meses, que ya es una edad considerable. Ya le gusta estar sentado, aunque aún no se sostiene solo; es capaz de darse la vuelta, aunque luego no le gusta estar boca abajo y protesta para que lo rescatemos, y en general está cada vez más despierto, incluso desde hace un par de días nos mira cuando lo llamamos por su nombre. Tiene su manta de actividades bastante maltratada, porque se cuelga de los juguetes con las manos, se engancha en el arco con los pies y lo hace saltar por los aires, lo que a él le parece muy divertido y a mí un peligro.

No hemos tenido que volver a la pediatra desde la revisión de los 4 meses. Durante el examen le mencioné que me parecía que el Cachorro tenía la cabeza ligeramente más aplanada por un lado que por el otro, y ella me lo confirmó: ahí estaba la dichosa plagiocefalia, cada vez más común en los bebés de hoy.

La plagiocefalia posicional es una deformación del cráneo del bebé a consecuencia de pasar tanto tiempo tumbado boca arriba, que es lo que recomienda la OMS desde hace unos años para reducir el riesgo de síndrome de muerte súbita. Es por este síndrome que desde el momento que nace el niño las matronas en el hospital, los pediatras, enfermeras y en general todo hijo de vecino nos advierten en tono severo que NUNCA pongamos a dormir a nuestros hijos boca abajo. También es la causa de que nos dejemos la pasta en carísimos colchones de los que nos aseguran que reducen este riesgo. Y ojo, en todos los casos dicen que el riesgo se reduce, no desaparece, así que igualmente se queda una paranoica perdida, poniendo la mano sobre el crío en mitad de la noche para ver si sigue respirando.

Total, que entre que la criatura deje de respirar y que se le quede el melón un poco aplastujado está claro cual es la opción menos mala. Y en general la cabecita recupera su forma con el tiempo, aunque en casos graves es necesario ponerles una especie de casco para volver a moldearles el cráneo.

plagiocefalia

La pediatra le restó importancia y dijo que se le iría pasando cuando fuese pasando más tiempo sentado en lugar de tumbado, pero por si acaso le he comprado esta almohada en Amazon, porque es verdad que ya no está todo el día acostado, pero sus 10 horas de sueño por la noche no se las quita nadie. Lo está usando desde las Navidades, y la verdad es que no sabría decir si le ha hecho algún efecto, porque en su caso es casi imperceptible, lo que sí puedo decir es que no ha ido a más.

“Mi niño no me come”, de Carlos González

MininonomecomeYo fui una de esas niñas que comen fatal, con peleas en la mesa todos los días, la comida hecha una bola masticada mil veces y mi madre desesperada sin saber cómo hacerme tragar lo que quedaba en el plato. Luego, de repente, a los 12 años me entró hambre, y aunque nunca he sido una tragona, se acabó el problema.

Pero mi Cachorro, al menos por ahora, come estupendamente. Cuando está tomando el biberón más vale no interrumpirlo, ni siquiera porque se haya atragantado, porque los berridos son tremendos y a veces se enfada tanto que luego no hay manera de que se lo siga tomando. Y yo tan contenta, hasta la revisión de los 4 meses. La enfermera me preguntó por la cantidad que tomaba, y yo le contesté que unos 6 biberones diarios de 180 ml. Así que me dijo que por su peso, más de 7 Kg, debía subir a 210 ml.

Fue una tontería por mi parte hacerle caso porque yo sabía perfectamente que el Cachorro siempre dejaba un poco del biberón cuando le ponía 180, así que pasó a dejar bastante más al subir a 210. Si a eso le añadimos unos cuantos días de poco apetito, seguramente porque está empezando con los dientes, yo ya empecé a agobiarme por si no estaba bien alimentado.

La respuesta estaba en este libro, del pediatra Carlos González, que habla del terrible problema para las madres de los niños que no comen lo que ellas esperan. Según el Dr. González, el problema es mío por darle más comida de la cuenta.

El hijo de Ángela tiene un peso completamente normal; la media a los tres meses es de 5,980 kg. Lo que come (700 ml de leche son 490 kcal) también es normal, aunque probablemente es menos de lo que le han mandado. Muchos libros recomiendan a esta edad 105 a 110 kcal por kg (unos 900 ml de leche al día para nuestro protagonista); pero los nuevos datos indican que las necesidades medias son de 88,3 kcal/kg, y la menos dos desviación estándar es de 59,7 kcal/kg, lo que para este niño serían 732 y 495 ml de leche.

Las cuentas son fáciles: 88,3 kcal/kg x 7kg = 616 kcal al día que necesitaría mi cachorro. Sabiendo que 700 ml de leche son 490 kcal, por una simple regla de tres me sale que debe tomar 880 ml diarios, que repartidos en 6 biberones sale a unos 150 ml escasos. ¡Ya estaba tomando más que suficiente antes de aumentarle la dosis!

Así que hace ya más de una semana que hemos vuelto a los biberones de 180 ml, que se toma tan contento, en incluso en la primera toma de la mañana le estoy dando ya los 210 porque se lo estaba acabando enterito y parecía que quería más. En gran parte gracias a este libro, que con datos de la OMS, las agencias europeas y americanas de pediatría y con mucho sentido común explica que nunca hay que obligar a comer a los niños. ¡Qué alivio!