Archivos Mensuales: febrero 2016

Seis meses hacen medio año

Parece mentira pero el Cachorro ya tiene 6 meses, y hay que ver cuánto ha cambiado en tan poco tiempo. Está atento a todo lo que hay a su alrededor, lleno de curiosidad por cada cosa que ve; todo quiere tocarlo (y llenarlo de babas) y parece sentir especial fascinación por las cosas que no quiero que toque, como el móvil o el mando a distancia. El día que consiga pillarlos se va a vengar…

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Ya casi se sostiene sentado él solo, aunque con algunos fallos de equilibrio, y cada vez usa mejor las manos. Ya es capaz de meterse el chupete en la boca él solo, aunque el 50% de las veces se lo pone del revés, y se queda con cara de desconcierto hasta que le doy la vuelta.

El martes pasado tuvimos la revisión de los 6 meses con la pediatra y la enfermera, y le pusieron la tercera y última dosis de las vacunas del tétanos, polio, tosferina, etc. Aguantó muy a disgusto que lo pesaran y lo midieran, que con 8,3 kg y 70 cm lo colocan en el percentil 70 y 90 respectivamente, confirmando que tengo el grandote de la guardería. ¿Cómo se puede crecer 20 cm en 6 meses? Si fuera un seto, pues bueno, parecería razonable, pero ¿un ser humano? Espero que empiece a bajar el ritmo o pronto no voy a poder con él.

Estos últimos días han estado llenos de novedades para el Cachorro. En primer lugar la guardería, a donde parece que va bastante contento y ya con el horario completo; allí ha cogido su primer catarro (mal!), lo que nos ha llevado a su primer lavado nasal con suero (MUY mal!). Y ayer empezamos con la papilla de verduras, con patata y zanahoria cocida para empezar. El Cachorro mostró buena disposición e intentó tomar unas pocas cucharadas pero el pobre hasta tenía arcadas. La verdad, no me extraña, si a mí me dieran pasta de zanahoria y patata sin absolutamente nada de sal también me daría un ascazo tremendo. Hoy vamos a incorporar un poco de pollo pero dudo que le vaya a gustar más que ayer.

Este medio año se me ha pasado volando, y me da la impresión de que los siguientes 6 meses no van a ir más despacio, antes de darme cuenta estaré corriendo detrás del Cachorro. ¡Espero que tarde en correr más que yo!

¡Contagio!

Sólo ha hecho falta una semana de guardería, y además con horario reducido, que los primeros días ha ido solo hora y media, para que el Cachorro se coja su primer catarro.

Si es que no puede ser, que aquello parecía el ala de infecto-contagiosos de un hospital, con todos los niños moqueando a diestro y siniestro sin ningún control. Los padres que llegan diciendo “anoche tuvo fiebre pero hoy ya no” y dejan al churumbel tan contentos, las cuidadoras que le limpian la nariz a un niño y no se lavan las manos antes de tocar al siguiente… Entre eso y que el Cachorro todo lo que pilla se lo mete en la boca a ver si resulta ser un buen mordedor, lo raro es que tardara tanto y no saliera ya malo el primer día.

Total, que ayer estaba un poco raro y sin querer comer, cuando de repente estornudó y soltó un pegotón de mucosidad interminable que aquello no sé como le cabía dentro de la cabeza. Y yo que soy una madre tan internauta como la que más busqué la solución en Google: “limpiar mocos bebé suero fisiológico”. Esto me llevó a varios vídeos de YouTube de lo más educativos, en los que padres o enfermeros hacían demostraciones de lo sencillo que es despejarle las vías respiratorias a un bebé acatarrado.

Como se puede ver en este ejemplo, el bebé en cuestión tiene pocas semanas y no opone resistencia, apenas lloriquea un poquito la criatura. Pero el Cachorro es harina de otro costal.  Con sus más de 8 kilos y su poca disposición a colaborar la cosa se fue complicando cada vez más. Solo para colocarlo de lado e inmovilizarle la cabeza ya tuvimos más que palabras, pero cuando empecé a echarle un líquido desconocido por las narices se puso a berrear como si lo estuviera asesinando.

No sé si el lavado fue efectivo o no, porque lloró tanto que aquello se volvió a taponar de inmediato, y pasó una noche malísima despertándose cada media hora. Pero además ahora cada vez que lo pongo en el cambiador empieza a llorar y a patalear, en plan ataque preventivo, así que tenemos unos cambios de pañal de lo más movidos.

Mamamama

Hoy hemos empezado con la semana de adaptación en la guardería, es decir, que durante los próximos días el Cachorro irá cada día un rato más largo, preparándose para hacer la jornada completa la semana que viene, cuando yo me reincorpore al trabajo.

En primer lugar tengo que decir que la duración de la baja de maternidad en este país es una auténtica desgracia. Me parece espantoso tener que dejar al Cachorro en la guardería siendo tan pequeño, y eso que aún he tenido suerte porque entre las vacaciones, las Navidades y que en mi empresa dan 30 días de lactancia en lugar de los 15 que da la ley hemos llegado casi a los 6 meses. Pero no tiene nada que ver con la duración de las bajas en países civilizados, en los que pueden llegar tranquilamente a los 2 años. Pero vivimos en España y hay que aguantarse con lo que toca, así que a la guardería se ha dicho.

El viernes pasado fui a una entrevista con la tutora del Cachorro, que me dio la lista de cosas que necesitaría llevar y me hizo un montón de preguntas: que en qué postura dormía, a qué horas solía comer, si estaba acostumbrado a relacionarse con otros bebés… Un cuestionario completo, vamos. Esta es la lista de cosas que me han pedido:

Una mochila con:

  • Dos mudas interiores (body, calcetines…)
  • Dos mudas de cambio (pantalón, jersey, camisetas…)
  • Bolsas de plastico
  • 10-15 pañales semanales
  • Crema para el culito
  • Un paquete de toallitas

Entregar a la educadora:

  • Un biberón para la leche
  • Un biberón para el agua
  • Dos chupetes, con una funda y una cadena
  • Fotos
  • 3 baberos grandes con cordones (!!!)
  • Un cuento sonoro

Lo de los baberos ha estado complicado porque ahora son todos con velcro, pero me han dicho que en la secadora se les estropean y que tenían que ser de los de atar. Al final los he encontrado en el Hipercor, pero no ha estado fácil la cosa.

Todo esto tiene que ir marcado con el nombre del niño, claro, así que yo ya había encargado unas etiquetas y pegatinas en esta web, que ya he estado pegando a diestro y siniestro.

Así que pertrechados con todo lo de la lista salvo los baberos, que he comprado esta mañana, nos hemos plantado en la guardería a las 9 de la mañana. Yo me he quedado 45 minutos y luego me he ido otros 45, a ver cómo se tomaba el Cachorro semejante abandono.

Lo primero que me ha llamado la atención es lo grandote que es, porque a pesar de ser el menor de la clase por varios meses de diferencia, es casi el más grande de todos. Según mi madre eso es bueno porque así no le pegarán, pero no tengo yo claro que el bullying sea un problema grave en las aulas de bebés.

El Cachorro se ha quedado con una de las cuidadoras mientras yo iba dejando sus cosas, y al no verme se ha echado a llorar, pero lo han cogido en brazos y ya ha pasado de mí totalmente. Ha estado muy entretenido con El pollo Pepe mientras yo estaba allí, y cuando me ha visto marcharme ni se ha inmutado. Yo casi me echo a llorar en la calle.

Cuando he vuelto, 5 minutos antes de la hora acordada porque ya me iba a dar un patatús, estaba muy tranquilo en brazos de una cuidadora, que me ha dicho que había llorado un poco porque no le gustó estar en la hamaca. Mañana vamos a repetir la jugada, pero esta vez se tomará allí un biberón, a ver qué le parece la idea.

Hablando de otro tema, anteayer el Cachorro dijo “mamá”. De acuerdo, fue más bien algo así como “mamamama”, y dudo mucho que lo identifique conmigo, simplemente está aprendiendo sonidos nuevos, pero es lo primero que dice aparte de berrear “aaaas” e “iiiiis” a pleno pulmón. Y desde entonces lo repite sin parar cada vez que está disgustado. Si está en la cuna y quiere salir, o si quiere su biberón o no quiere dormirse, otra vez empieza con el “mamamama”, así que yo creo que me está llamando. Y he capturado el momento para la posteridad con la grabación de audio de WhatsApp, así que aquí queda para el que quiera oírlo. ¡Mi Cachorro ya habla!

 

¡Puaj!

Cuando ya se me había subido a la cabeza el éxito de los cereales y sus aún más largas noches de sueño, llegó la fruta a bajarme los humos.

Ayer, siguiendo las indicaciones de la pediatra, preparé una papilla con media manzana, media pera y el zumo de media naranja, y llena de confianza se la presenté al Cachorro. Como nada me hace más gracia que un bebé poniendo caras por un sabor nuevo, preparé el móvil para poder inmortalizar el momento en vídeo, y me dispuse a administrar la primera cucharada.

Pues si quería caras, las tuve. ¡Hasta arcadas le daban al pobre! El Cachorro, que sigue siendo una criatura confiada, no se esperaba semejante traición de su propia madre así que seguía abriendo la boca para recibir una cucharada tras otra, que inmediatamente escupía con cara de asco. Y sí, admito que me daba la risa, porque el pobre estaba muy gracioso, pero después de media docena de cucharadas me dio pena y dejamos el experimento. Le di un biberón de leche para que se le pasara el disgusto y me perdonó la faena.

Hoy volvimos a intentarlo, esta vez sin la pera, que me pareció que estaba aún un poco dura, y añadí una cucharada de cereales disuelta en agua a ver si eso mejoraba el sabor. Pues nada, otra vez cara de asco, aunque esta vez al menos sin arcadas. Eso sí, el Cachorro no habrá aprendido a disfrutar de la naranja, pero sí defensa propia: hoy ya me apartaba la cuchara con la mano.

Mañana voy a probar a preparar una papilla de cereales y a añadirle un poco de manzana, a ver si es la naranja lo que le horroriza. Y tal vez le añada un poco de plátano, que es más dulce. Empieza una etapa nueva para el Cachorro, llena de sabores imprevistos, y espero que no todos le desagraden tanto. Pero por si acaso ¡estaré atenta con la cámara para pillar esas caritas de asco!