Archivos Mensuales: marzo 2016

Natación

Ayer el Cachorro empezó por fin sus clases de natación. Debería haber empezado el sábado pasado, pero lo impidió un virus de guardería que le dio una fiebre de 39 y medio. Así que ayer nos fuimos los dos a la piscina que hay al lado de casa, con nuestros bañadores y nuestros gorros, y en su caso con uno de esos pañales especiales para baño.

Las clases son para niños de entre 6 y 18 meses, y el objetivo no es que aprendan a nadar, sino que, en una primera fase, aprendan a flotar boca arriba, por si acaso tienen un accidente para que de tiempo a que algún adulto los rescate, y que no tengan miedo al agua para cuando tengan que aprender a nadar más adelante.

En la clase había otros cuatro niños, todos bastante mayores que el Cachorro. Al parecer esto no supone una ventaja, puesto que en cuanto los niños empiezan a caminar o incluso a gatear ya no les gusta nada estar panza arriba, y eso es esencial para flotar.

El Cachorro se lo pasó en grande. Chapoteó en el agua y rechupeteó todos los juguetes que le ofrecieron como incentivo para que se metiera en la piscina. No protestó ni cuando tocó sumergirse, ni cuando tocó sujetarlo por la cabeza y el trasero para que se acostumbrara a flotar. Para él fue media hora de diversión, y solo se enfadó cuando tocó salir, porque tuve que dejarlo tumbado en el bordillo mientras yo salía del agua.

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Los vestuarios de la piscina cuentan con tronas para colocar a los niños y que puedan mientras cambiarse los padres, y hasta con bañeras para darles un agua después de la clase, así que resulta bastante cómodo todo el proceso.

La experiencia nos ha gustado mucho a los dos, espero que no cambie de idea la próxima semana.

Así se inmuniza

Como ya comenté hace unos días, el Cachorro pilló su primer catarro nada más empezar la guardería, cosa que era de esperar. Y no hemos tenido que esperar mucho para que se contagiase de su primer infección vírica, que se manifestó con un empeoramiento del catarro de nariz y una fiebre alta.

El jueves por la tarde ya recogí al Cachorro calentito como una bombilla, y al llegar a casa pude comprobar que tenía unas décimas. Le di Apiretal y a la mañana siguiente lo llevé a la guardería, porque no queda más remedio que ir a trabajar para ganarse los garbanzos aunque se tenga un bebé enfermo, con esta porquería de conciliación que tenemos. Les advertí que había tenido algo de fiebre y les pedí que lo vigilaran.

Y claro, a mediodía ya me estaban llamando porque la criatura tenía 38.8. Les di permiso para que le dieran el Apiretal sin esperarme y salí pitando a recogerlo. Cuando llegué me encontré con que tenían al Cachorro desnudo y le estaban mojando la cabeza porque a pesar del jarabe había llegado a 39.4. Resulta que aún así había estado comiendo bien y jugando tan pancho, así que a pesar de mi aviso las había pillado desprevenidas y les había dado un buen susto.

Total, que me llevé al Cachorro directo al pediatra, que dijo que seguramente era un virus y le recetó Apiretal e ibuprofeno mientras durase la fiebre. Fueron dos días nada más, por suerte en fin de semana, y ya no le volvió a subir tanto la fiebre, así que el lunes volvió a la guardería, todavía con su nariz mocosa, eso sí.

Todo esto es de lo más normal, todos los niños se ponen malos, sobre todo en la guardería, pero lo que me llama la atención es la reacción de la mayoría de la gente cuando les contaba que el Cachorro estaba enfermo. “Así se inmuniza” parece ser la frase preferida de todo el mundo, como si le hubiera puesto una vacuna y la cosa no tuviera importancia, pero yo no veo que ningún adulto se vaya a restregar contra un enfermo de gripe sólo por darle un poco de trabajo a su sistema inmunológico. A nadie le hace gracia estar enfermo, con fiebre, tos y congestión, encontrándose fatal, y teniendo que quedarse metido en la cama, así que no veo por qué va a ser menos desagradable para un bebé.

¿Por qué tantos adultos le restan importancia a las cosas cuando les pasan a los niños? Cosas que a esos mismos adultos les parecerían muy molestas si les pasaran a ellos. Es como si pensaran que son seres humanos incompletos o insensibles, cuando solo son pequeños.