Archivos Mensuales: junio 2016

El BLW y la limpieza

El Cachorro lleva un par de meses sin querer tomar papillas, ya sean de verduras o de fruta. Esto es algo que solo ocurre en casa, al parecer en la guardería se zampa todo lo que le dan tan contento, pero los fines de semana, cuando come en casa, y en las meriendas, se niega a comer. Y si con algún engaño consigo meterle una cucharada en la boca deja el puré ahí, negándose a tragar hasta que le resbala todo por la barbilla.

Hasta ahora lo que he hecho es, después de un buen rato intentando que coma el puré, darle un biberón, que recibe dando palmas y se toma tan contento. Pero el fin de semana pasado decidí probar a darle la comida en trozos, tal y como se recomienda en el método BLW (Baby-Led Weaning) que está tan de moda. El resultado ha sido… digamos que regular. Se ha comido algunas cosas, como por ejemplo el tomate, otras las ha rechupeteado un rato o las ha aplastado con las manos. Pero la mayoría han acabado en el suelo.

Le he estado poniendo uno de sus cambiadores de Ikea bajo la trona, para así poder volver a darle lo que se ha caído y no tirar tanta comida, pero aún así acaba todo perdido: la trona hecha un asco, el Cachorro con comida hasta en el pelo, y el suelo también sucio, porque siempre algún trozo cae fuera del cambiador.

Por suerte aquí está Internet para solucionar todos mis problemas. La marca Tidy Tot tiene un invento fabuloso que me voy a comprar ya mismo.

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¡Es genial! Y el babero va como abrochado al tablero, así que tampoco se les cuela la comida por ahí, que el otro día el Cachorro acabó con trozos de tomate dentro del pañal.

Es un poco caro, pero ya mismo estoy encargando uno, que además hay que aprovechar la que libra ha bajado. ¡Me río yo del Brexit!

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Sin perder la calma

En estos días de tanto calor el Cachorro pasa el día llevando sólo el pañal o como mucho una camiseta, así que cuando lo voy a sentar en la trona le pongo en el asiento una muselina de gasa de las que usa para dormir, para evitar que se le peguen las piernas al plástico. Y el que lea esto pensará, pues vaya información interesante, a mí que más me da. Enseguida llegaremos a eso.

Esta tarde, mientras le estaba dando la merienda al Cachorro, he notado que estaba haciendo caca. ¿Cómo lo he notado? Pues porque ha puesto cara de “estoy haciendo caca”, es inconfundible. Y como esta mañana estaba un poco descompuesto y se le salió por la parte de atrás del pañal y manchó el cambiador, tuve especial cuidado al sacarlo para evitar más de lo mismo. Lo cogí de medio lado debajo de un brazo y me lo llevé a su cuarto para cambiarlo. Y ¡bingo! No se le salió por detrás. Pero al tumbarlo en el cambiador vi que se le había salido toda la caca por delante, por el hueco de la pierna y por la cintura.

Sin perder la calma (ay, dios, no sé si limpiarte o meterte en la bañera), empecé a limpiarlo, usando toallitas húmedas como si esta fuera una casa rica y sacrificando el cambiador. Cuando ya lo tenía limpio lo cogí y lo metí en la cuna para retirar el cambiador sucio. Y ahí me di cuenta de la magnitud del desastre. Porque cuando se le salió la caca no solo se manchó él, también me puso perdida a mí, así que al volver a cogerlo una vez limpio lo volví a manchar.

Pero no pasa nada, sin perder la calma (pero mira como nos hemos puestoooo, que ascazo más grande) me quité la ropa, me lavé las manos y me puse una camiseta limpia, y le di un baño al Cachorro, que se quedó limpísimo y más fresco que una lechuga. Y cuando volvimos al salón vi el resto.

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Ese es mi lavabo, y ahí se pueden ver la camiseta del Cachorro, mi vestido, el cambiador, la muselina que le había puesto en la trona, la funda del cojín de la trona, el propio cojín ya que la caca traspasó la funda y lo manchó, y una correa de la trona. Y a todo eso hay que añadir la trona y el suelo del salón.

Sin perder la calma (pero esto qué eeees, hay caca por todas partes, no sé ni por donde empezar!), metí al Cachorro en su parque y me llevé todas las cosas menudas al baño para lavarlo, después limpié la trona y el suelo con lejía y por último puse la lavadora. ¡Y no lloré ni una vez!

Ahora estoy en el sofá, con una coca-cola y recuperándome, pero cada vez que el Cachorro suelta un gas, cosa que ocurre a menudo, yo pierdo los nervios.

Un regalo para la profe

Se acerca el final del curso, aunque en realidad al Cachorro no le va a quedar más remedio que seguir en la guardería al menos parte del mes de julio. Pero eso no quita que en la guardería ya estén entregando informes y preparando la fiesta de fin de curso, así que yo me he puesto a buscar un regalito para hacer a sus cuidadoras.

Por suerte Google tiene respuestas para todo, y enseguida encontré una tienda con cosas monísimas y originales para regalar que se llama Susiko. Tienen hasta kits para profesoras pensados precisamente para estos casos, aunque se pueden comprar cosas sueltas, casi todas personalizables. Material de escritorio, estuches para lápices, agendas… hay montones de cosas, pero me gustaron especialmente los colgantes y las tazas.

Finalmente me decidí por dos tazas, una para cada una de las cuidadoras del cachorro, personalizadas con sus nombres y con la muñequita del dibujo pareciéndose lo más posible a cada una de ellas, ya que se puede elegir el color de pelo y de ojos, el tipo de peinado, la ropa, etc. Al final creo que me ha quedado un regalo muy original, ¡espero que les guste!

taza

Combo de virus

El lunes, como siempre, llevé al Cachorro a la guardería. Lo dejé en el aula de horario ampliado, donde miré con mala cara al monstruo pegón, a ver si a base de transmitir disgusto y desaprobación consigo que se mantenga bien lejos de nosotros, y me fui a su clase habitual, donde dejo su chaqueta y siempre escribo una nota explicando a qué hora desayunó y cuánto, si pasó buena noche, etc.

En esta ocasión anoté que la gastroenteritis de la semana anterior parecía haber remitido, pero que el catarro perpetuo que lleva encima el Cachorro se había recrudecido. Y me fui a trabajar.

Cuando fui a recogerlo a las 4 de la tarde me dijeron que había estado todo el día medio flojo y que llevaba durmiendo toda la tarde, así que fui a sacarlo de su cuna para llevármelo a casa. Y en cuanto se despertó se echó a llorar, desesperado, porque tenía un ojo tan pegajoteado de legañas que no podía ni abrirlo. Nos quedamos horrorizadas tanto las cuidadoras como yo, porque aquello era un amasijo amarillento que daba pena verlo. Lo limpiamos un poco con gasas y agua hervida y me fui directa a la pediatra para que lo viera.

Total, que le diagnosticó una conjuntivitis del copón acompañada de una pizca de otitis, por si acaso los ojos hinchados y supurantes no molestaban lo suficiente. Así que durante 8 días el Cachorro tendrá que tomarse un jarabe para la otitis y unas gotas para los ojos, antibióticos por partida doble. Y yo me pregunto, ¿alguien conoce alguna técnica para echarle las gotas a un bebé que se retuerce, patalea e intenta tirarse de cabeza del sofá con tal de escaparse de una gotita de nada?

Por supuesto, llevo estos dos días lavándome las manos cada dos por tres para intentar no contagiarme, y lo he conseguido. Solo me ha pegado el dichoso catarro, que me ha dejado completamente afónica en cuestión de horas, así que entre los dos hacemos un combo total de virus: garganta, oídos y ojos. Una alegría.

Sesión de fotos para bebés

Hace unos días hablé con una fotógrafa de Madrid, que me ha ofrecido una sesión de fotos con el Cachorro, para ampliar su portfolio y darse a conocer, y hemos quedado este mes para hacer las fotos. ¡Estoy deseando ver el resultado!

Mientras tanto, aquí dejo su anuncio, por si alguna otra blogger se quiere apuntar. O por si, simplemente, queréis contratar unas fotos profesionales y bonitas de vuestros niños y no conocéis a ningún fotógrafo especializado.

bloggers

El abusón

Ya he comentado que el Cachorro va a la guardería desde que tenía 6 meses, y lo hace bastante contento, no llora cuando lo dejo y parece estar pasándolo bien cuando lo recojo. Entra una hora antes del horario normal, y ese rato no lo pasa en su clase habitual, sino en lo que llaman el aula “de horario ampliado”. Y no está solo con niños de su edad, sino también con los de la clase superior, los de 1-2 años. En su clase el Cachorro es uno de los más jóvenes, pero aún así es de los niños más grandotes. Pero en el horario ampliado comparte el aula con niños que pueden tener hasta dos años y medio, frente a sus nueve meses.

Ayer por la mañana, como siempre, lo dejé en ese aula y me fui a la suya a dejar su chaqueta. Cuando ya me iba lo oí llorar, así que me asomé a ver qué le pasaba, esperando ver que quería algún juguete que no podía alcanzar o algo por el estilo. Pero no. Lo que vi fue al Cachorro sentado en el suelo llorando sin saber qué hacer y a su lado un niño mucho mayor que le daba patadas.

Antes de que pudiera reaccionar la cuidadora intervino y apartó al otro niño, así que conté hasta 10, me di la vuelta y me marché, confiando en no reventar de ira. No entré porque seguramente si lo hubiera hecho habría pegado al otro niño. Un buen sopapo por lo menos.

El Cachorro no sabe pegar porque en mi casa no hay de eso, y no lo mando a la guardería para que aprenda, así que supongo que cualquiera se puede imaginar mi disgusto. Le estuve dando vueltas todo el día, deseando salir del trabajo para ir a por mi Cachorro y para hablar con su tutora del asunto. Por suerte la tutora se lo tomó en serio, se quedó horrorizada y me dijo que hablaría con las cuidadoras, que estaba harta de decirles que tuvieran a los bebés apartados de los niños mayores precisamente para evitar este tipo de cosas. Y esta mañana he hablado yo también con ellas para que vigilasen que ese pequeño monstruo no se acercase a mi niño, o lo voy a moler a palos. Que aún no sabe defenderse ni falta que le hace, porque para eso estoy yo.

El resultado: a partir de ahora el Cachorro pasará una hora todas las mañanas sentado en una trona, para no estar al alcance del otro mala bestia, que es el que debería estar atado en corto y no el mío. Es muy típico, para eliminar un mal comportamiento se confina a la víctima, no al agresor. Es lo mismo que cuando nos dicen a las mujeres que no vayamos solas por la calle para que no nos violen.

De todas formas me considero afortunada. Es terrible que peguen a tu hijo, pero tiene que ser mil veces peor que sea tu hijo el matón de la clase.

Un mundo de hedores nuevos

Hasta ahora el Cachorro había ido lidiando con su catarro de guardería, unos días con más congestión, otros con menos, pero sin fiebres ni síntomas graves, y sin ninguna otra enfermedad. Pero la semana pasada tuvimos novedades: una gastroenteritis.

Empezó con unas décimas de fiebre la tarde del jueves y con algo de pérdida de apetito. El Cachorro come estupendamente en la guardería (otra cosa son las papillas en casa, que se niega ni a probar, pero de eso ya hablaré otro día), y en casa, cuando ve su biberón, empieza a agitar los brazos y las piernas en auténticos paroxismos de alegría, pero de repente empezó a dejar más de la mitad.

El caso es que al día siguiente, al recogerlo de la guardería, me dijeron que tampoco había querido comer apenas, y esa misma tarde empezó la diarrea.

poop

¡Pero qué peste insoportable! No sé si es que ya se me había metido en el cerebro o que no había forma de ventilar, pero a mí me olía toda la casa. Hasta ahora el Cachorro no es que haya sido el colmo de la pulcritud en sus deposiciones, pero los escapes habían sido muy infrecuentes, con lo que me consideraba afortunada. Pero con esta gastroenteritis ha llegado a manchar cuatro pañales en un único intento de cambiarlo, para al final acabar metiéndolo directamente en la bañera, una vez llegados al punto de y-ahora-cómo-te-quito-el-body-sin-pringarte-entero.

El lunes fuimos a la pediatra, quien nos dijo que seguramente era una gastroenteritis vírica y que simplemente había que dejarla seguir su curso, que pronto mejoraría. Afortunadamente así ha sido y las cosas están volviendo a la normalidad, aunque anoche el pobre debía tener gases y se pasó dos horas llorando muerto de sueño pero sin ser capaz de dormir por el dolor de tripa.

Qué lejos veo la retirada del pañal. ¡Todavía nos quedará por lo menos un año más!