Sin perder la calma

En estos días de tanto calor el Cachorro pasa el día llevando sólo el pañal o como mucho una camiseta, así que cuando lo voy a sentar en la trona le pongo en el asiento una muselina de gasa de las que usa para dormir, para evitar que se le peguen las piernas al plástico. Y el que lea esto pensará, pues vaya información interesante, a mí que más me da. Enseguida llegaremos a eso.

Esta tarde, mientras le estaba dando la merienda al Cachorro, he notado que estaba haciendo caca. ¿Cómo lo he notado? Pues porque ha puesto cara de “estoy haciendo caca”, es inconfundible. Y como esta mañana estaba un poco descompuesto y se le salió por la parte de atrás del pañal y manchó el cambiador, tuve especial cuidado al sacarlo para evitar más de lo mismo. Lo cogí de medio lado debajo de un brazo y me lo llevé a su cuarto para cambiarlo. Y ¡bingo! No se le salió por detrás. Pero al tumbarlo en el cambiador vi que se le había salido toda la caca por delante, por el hueco de la pierna y por la cintura.

Sin perder la calma (ay, dios, no sé si limpiarte o meterte en la bañera), empecé a limpiarlo, usando toallitas húmedas como si esta fuera una casa rica y sacrificando el cambiador. Cuando ya lo tenía limpio lo cogí y lo metí en la cuna para retirar el cambiador sucio. Y ahí me di cuenta de la magnitud del desastre. Porque cuando se le salió la caca no solo se manchó él, también me puso perdida a mí, así que al volver a cogerlo una vez limpio lo volví a manchar.

Pero no pasa nada, sin perder la calma (pero mira como nos hemos puestoooo, que ascazo más grande) me quité la ropa, me lavé las manos y me puse una camiseta limpia, y le di un baño al Cachorro, que se quedó limpísimo y más fresco que una lechuga. Y cuando volvimos al salón vi el resto.

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Ese es mi lavabo, y ahí se pueden ver la camiseta del Cachorro, mi vestido, el cambiador, la muselina que le había puesto en la trona, la funda del cojín de la trona, el propio cojín ya que la caca traspasó la funda y lo manchó, y una correa de la trona. Y a todo eso hay que añadir la trona y el suelo del salón.

Sin perder la calma (pero esto qué eeees, hay caca por todas partes, no sé ni por donde empezar!), metí al Cachorro en su parque y me llevé todas las cosas menudas al baño para lavarlo, después limpié la trona y el suelo con lejía y por último puse la lavadora. ¡Y no lloré ni una vez!

Ahora estoy en el sofá, con una coca-cola y recuperándome, pero cada vez que el Cachorro suelta un gas, cosa que ocurre a menudo, yo pierdo los nervios.

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