Archivos Mensuales: julio 2016

Niniwalker: el salvador de las lumbares

Ayer compré este cacharrito por Wallapop, de segunda mano y muy bien de precio, y esperando que fuese un gran éxito con el Cachorro. Este invento, de un biólogo coruñés, pretende ser la solución para esa etapa tan entrañable que pasan todos los bebés cuando están empezando a andar. Quieren estar de pie, quieren avanzar, pero quieren tener un punto de apoyo que se desplace con ellos, normalmente un sufrido progenitor que camina a su lado con la espalda encorvada.

El Cachorro está empezando esa etapa, y tiene un correpasillos que le encanta. En cuanto lo ve se va lanzado hacia él, se agarra al asa y se pone de pie. Y ahí es donde un adulto tiene que intervenir, agacharse y sujetar el trasto para que no se le escape y se caiga de narices.

A la tercera o cuarta vez que te has recorrido el pasillo de esta guisa, el Cachorro considera que no ha hecho más que empezar, y que todavía le queda paseo para rato. El adulto que lo acompaña está listo para suplicar clemencia y no sabe si será capaz de enderezarse nunca más.

Fue mi madre la que descubrió este ingenioso aparato y me habló de él, así que me puse a buscarlo en Internet. Así fue como me enteré de la historia de su inventor y de que está avalado por varios pediatras y cuenta con la certificación de la Unión Europea. Con todas estas garantías lo único que me quedaba era hacerme con uno. El precio es un poco elevado para mí, sobre todo teniendo en cuenta que es un aparato que forzosamente va a tener un uso breve, en torno a uno o dos meses. Pero de segunda mano se pueden encontrar por 30 ó 40 € en perfecto estado.

He hecho un vídeo de nuestro primer intento, que en mi opinión no ha ido nada mal.

El Cachorro ha pillado la idea enseguida, y aunque en este primer paseo tenía cierta tendencia a levantar la rueda del suelo, le ha gustado. Desde luego, facilita mucho las cosas y es mucho más cómodo que ir encorvado, aunque claro, hay que sujetar el aparato con fuerza para que no se le escape. El arnés es fácil de poner y ayuda a que el niño no se caiga hacia los lados, basta con llevar el asa de la correa en la misma muñeca que la mano que sujeta el andador.

Estoy contenta con el invento y creo que le vamos a sacar provecho hasta que el Cachorro mejore su equilibrio y se lance a caminar por su cuenta.

Un niño movido

Es algo que se oye muy a menudo, que si este niño es muy movido, que si es muy inquieto… Yo misma lo he dicho del Cachorro, que no para quieto ni un minuto. Pero nunca pensé que fuera un caso excepcional, pensaba que era más o menos como los demás niños. Tal vez un poco más que los considerados bebés tranquilotes, pero nada del otro mundo.

También hay quienes usan una terminología mucho más molona y hablan de “bebés de alta demanda”, pero tampoco sentí nunca que esto se aplicase al mío. Normalmente se refieren a bebés que lloran mucho, duermen (y dejan dormir) poco, y lo poco que duermen tiene que ser en brazos de sus agotadas madre, porque se comportan como si sus cunas tuvieran pinchos. Y yo tengo un ceporro que duerme toda la noche desde que tenía un mes, no llora casi nunca y pasó de su muy utilizada minicuna a la grande en su propia habitación sin enterarse ni soltar una lágrima.

Pero el otro día, al recogerlo en la guardería, me dijeron que allí lo llaman “el rayo que no cesa”, y que el día que no duerme la siesta acaban agotadas. Son dos cuidadoras para los siete bebés que hay en su clase, pero es él solito el que las deja destruidas.

Y es que el Cachorro, cada minuto que pasa despierto, lo aprovecha al máximo. Todo lo quiere explorar, todo lo tiene que tocar y nada le gusta más que abrir y cerrar cajones y puertas de armarios. Se pirra por los mandos a distancia y por cualquier dispositivo electrónico, desde el router al teléfono móvil. Ayer hubo dos ejemplos de sus actividades delictivas: a primera hora de la mañana lo dejé en su cuna mientras yo iba al baño, y él se dedicó a tirar al suelo todo lo que estaba a su alcance; y por la tarde, estando en el parque, estiró un bracito y se puso a abrir y cerrar un cajón, bien fuerte y sin ninguna preocupación por sus dedos. Aquí está la foto del delito.

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No sé si es un bebé de alta demanda, un niño inquieto o el típico travieso de toda la vida, pero miedo me da cuando se eche a andar…

La primera visita a urgencias

Creo que hemos tenido mucha suerte de que la primera visita del Cachorro a urgencias se haya producido con 11 meses ya cumplidos. Hasta ahora ha sido un bebé sano que apenas ha tenido nada aparte de algún virus de guardería que se ha curado en pocos días. Pero tarde o temprano tenía que tocar, y ayer fue el día.

El Cachorro tuvo otitis hace casi dos semanas, por segunda vez en un mes, así que la pediatra le pautó la medicación (Amoxicilita cada 8 horas, acompañada de Otix, unas gotas antibióticas. Al terminar el tratamiento teníamos que volver para ver si la infección había remitido, pero como aún se le veía alguna secreción en el oído izquierdo seguimos con las gotas 5 días más, y la pediatra tomó una muestra para analizar.

El jueves llegó el resultado del cultivo: dio positivo en pseudomona aeruginosa, una bacteria resistente a la mayoría de antibióticos, sensible solo a algunos de uso hospitalario. La pediatra volvió a examinarlo y parecía estar mejor, pero nos recomendó ir al otorrinolaringólogo, y ella misma se encargó de buscar la cita más próxima en los hospitales de la zona. Finalmente conseguimos una para el 3 de agosto, lo que implicaba una espera de más de dos semanas. Le dije a la pediatra que me parecía demasiado tiempo, y que si no había otra opción, buscaría un otorrino pediátrico privado y lo llevaría.

La pediatra me dijo que esperase, que al día siguiente ella llamaría al hospital y hablaría con los otorrinos, a ver qué nos aconsejaban, que la infección podía haber remitido desde que le tomó la muestra y que como el Cachorro parecía estar bien y no tenía fiebre podíamos permitirnos esperar.

Pero esa noche el Cachorro ya se despertó varias veces, que es lo que le pasa siempre que le duele el oído, y le volvió a supurar, así que volvimos a la consulta. Esta vez la pediatra directamente nos derivó a urgencias, al mismo hospital donde teníamos la cita con el otorrino. Allí lo vio la pediatra de urgencias, que confirmó lo que ya sabíamos: no había más antibióticos que los de uso hospitalario y algún colirio para los ojos, y eso fue lo que le pautaron. Tres inyecciones, una al día durante tres días seguidos, y unas gotas de Gentadexa, que se podían prolongar incluso un mes. Y además consiguieron adelantar la visita al otorrino al lunes, con lo cual él podrá decidir si es necesario hacerle un lavado del oído.

La primera inyección se la pusieron allí mismo, y el Cachorro, que hasta entonces había aguantado los exámenes estoicamente, lloró a mares, y cuando se acabó miró a la enfermera con cara de “sé que fuiste tú, so malvada”. Debió de dolerle un montón porque luego le quedó una bola enorme en la pierna que aún se le nota hoy.

Esta tarde y mañana volveremos al hospital para ponerle las inyecciones restantes, y con un poco de suerte esta vez sí que conseguiremos matar al bicho.

Estoy pensando en hacerle un seguro privado al Cachorro. Si hasta ahora no lo he hecho es porque ha sido un bebé muy sano, y sobre todo porque estoy contentan con la pediatra de nuestro Centro de Salud, que es muy amable y concienzuda. Ayer incluso llamó por la noche para preguntar cómo nos había ido en urgencias, y eso es algo difícil de encontrar. Pero ya son dos citas con especialistas que nos dan para tardísimo, ésta y la del alergólogo para septiembre. Creo que merece la pena el gasto.

Alergia ¿al pescado?

Ya he comentado que las comidas del Cachorro en casa no están siendo fáciles. Las papillas, que en general come bien en la guardería, en casa las rechaza de plano y se niega a tomar otra cosa que leche. Por eso he empezado a darle las cosas en trocitos, con los que al menos va probando cosas.

Siguiendo con esta idea, el domingo pasado le di a probar un poco de merluza cocida, con patata y calabacín, y me quedé tan contenta porque comió unos cuantos trocitos. Ya había intentado darle pescado en otra ocasión, unas semanas atrás, pero era en puré y se negó a comer, así que consideré que lo comía por primera vez.

A la mañana siguiente el Cachorro se despertó con unas décimas de fiebre, y le empezaba a salir una erupción en la nuca que enseguida empezó a bajarle por la espalda y a extenderse por la tripa. Una visita urgente a la pediatra nos informó de que lo que tenía era una reacción alérgica, que todavía fue a peor a lo largo de la mañana. El resultado final, bastante alarmante, fue este:

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Yo creía que las reacciones alérgicas eran más inmediatas, pero resulta que pueden pasar varias horas desde que se ingiere el alimento que la provoca y la aparición de los síntomas, que además se mantendrán mientras siga presente en el aparato digestivo.

Por suerte la cosa quedó ahí, no hubo inflamación, y el Cachorro no parecía sufrir de picor, así que la pediatra le recetó cortisona durante tres días para ayudar a eliminar la erupción, y lo derivó al alergólogo para que le hagan pruebas de alergia.

Evidentemente, el candidato más lógico a haber provocado esta reacción es la merluza, pero por si acaso no voy a introducir nuevos alimentos en la dieta del Cachorro hasta que le hagan las pruebas. Cosa que no pasará hasta finales de septiembre, que es para cuando le han dado la cita con en Alergología. Menos mal que era urgente…