La primera visita a urgencias

Creo que hemos tenido mucha suerte de que la primera visita del Cachorro a urgencias se haya producido con 11 meses ya cumplidos. Hasta ahora ha sido un bebé sano que apenas ha tenido nada aparte de algún virus de guardería que se ha curado en pocos días. Pero tarde o temprano tenía que tocar, y ayer fue el día.

El Cachorro tuvo otitis hace casi dos semanas, por segunda vez en un mes, así que la pediatra le pautó la medicación (Amoxicilita cada 8 horas, acompañada de Otix, unas gotas antibióticas. Al terminar el tratamiento teníamos que volver para ver si la infección había remitido, pero como aún se le veía alguna secreción en el oído izquierdo seguimos con las gotas 5 días más, y la pediatra tomó una muestra para analizar.

El jueves llegó el resultado del cultivo: dio positivo en pseudomona aeruginosa, una bacteria resistente a la mayoría de antibióticos, sensible solo a algunos de uso hospitalario. La pediatra volvió a examinarlo y parecía estar mejor, pero nos recomendó ir al otorrinolaringólogo, y ella misma se encargó de buscar la cita más próxima en los hospitales de la zona. Finalmente conseguimos una para el 3 de agosto, lo que implicaba una espera de más de dos semanas. Le dije a la pediatra que me parecía demasiado tiempo, y que si no había otra opción, buscaría un otorrino pediátrico privado y lo llevaría.

La pediatra me dijo que esperase, que al día siguiente ella llamaría al hospital y hablaría con los otorrinos, a ver qué nos aconsejaban, que la infección podía haber remitido desde que le tomó la muestra y que como el Cachorro parecía estar bien y no tenía fiebre podíamos permitirnos esperar.

Pero esa noche el Cachorro ya se despertó varias veces, que es lo que le pasa siempre que le duele el oído, y le volvió a supurar, así que volvimos a la consulta. Esta vez la pediatra directamente nos derivó a urgencias, al mismo hospital donde teníamos la cita con el otorrino. Allí lo vio la pediatra de urgencias, que confirmó lo que ya sabíamos: no había más antibióticos que los de uso hospitalario y algún colirio para los ojos, y eso fue lo que le pautaron. Tres inyecciones, una al día durante tres días seguidos, y unas gotas de Gentadexa, que se podían prolongar incluso un mes. Y además consiguieron adelantar la visita al otorrino al lunes, con lo cual él podrá decidir si es necesario hacerle un lavado del oído.

La primera inyección se la pusieron allí mismo, y el Cachorro, que hasta entonces había aguantado los exámenes estoicamente, lloró a mares, y cuando se acabó miró a la enfermera con cara de “sé que fuiste tú, so malvada”. Debió de dolerle un montón porque luego le quedó una bola enorme en la pierna que aún se le nota hoy.

Esta tarde y mañana volveremos al hospital para ponerle las inyecciones restantes, y con un poco de suerte esta vez sí que conseguiremos matar al bicho.

Estoy pensando en hacerle un seguro privado al Cachorro. Si hasta ahora no lo he hecho es porque ha sido un bebé muy sano, y sobre todo porque estoy contentan con la pediatra de nuestro Centro de Salud, que es muy amable y concienzuda. Ayer incluso llamó por la noche para preguntar cómo nos había ido en urgencias, y eso es algo difícil de encontrar. Pero ya son dos citas con especialistas que nos dan para tardísimo, ésta y la del alergólogo para septiembre. Creo que merece la pena el gasto.

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