Archivos Mensuales: agosto 2016

“Ni rabietas ni conflictos”, de Rosa Jové

ni rabietasHace unos días comenté que el Cachorro ya ha empezado a tener rabietas cuando no se sale con la suya, e inmediatamente una de mis amigas 2.0 del grupo de Whatsapp de madres, todas primerizas, que compartimos consejos y experiencias, acudió al rescate y me recomendó este libro.

El libro da una serie de estrategias para hacer frente a las rabietas, según la edad del niño, en tres etapas que van desde el nacimiento hasta los 12 años, aunque se considera que las rabietas suelen empezar hacia los 18 meses. Así que ya vi enseguida que la autora también piensa que empezar antes del año es un poco precoz…

Aunque no da ninguna receta mágica para hacer desaparecer los berrinches (lástima), sí que explica claramente lo que no se debe hacer nunca: pegar o castigar al niño. No se pega porque está mal, ni a un adulto ni mucho menos a un bebé indefenso. Y proporciona un montón de bibliografía sobre estudios psicológicos que indican que los castigos solo sirven para atemorizar a los niños y hacerlos más inseguros.

Por supuesto, todas éstas son ideas con las que yo ya estaba de acuerdo, para mí sería imposible leer un libro que recomendase dar un par de azotes a un niño porque llora para recuperar su juguete, o dejarlo llorar hasta que se duerma de agotamiento. Pero ojalá que lo lean muchas personas para las que sea una revelación y los haga cambiar.

Esto me ha hecho recordar las novelas de Robert A. Heinlein y ya me he puesto de mal humor… mejor volver al libro de Rosa Jové.

El consejo más importante que da la autora es que no hay que perder la paciencia, mantener la calma y sobre todo no enfadarse. Hay que explicarle al niño por qué se están contrariando sus deseos y si, como en mi caso, el niño es demasiado pequeño para entender, solo se pueden hacer tres cosas: intentar evitar situaciones que puedan desencadenar la rabieta, dejar que se salga con la suya o capear el temporal.

Y por ahora es lo que estoy haciendo. Por ejemplo, siempre que ha estado jugando un rato con su andador, si se lo retiro porque tengo algo que hacer o porque es la hora de comer o cualquier otra cosa, se coge un cabreo fenomenal y llora a gritos. Así que me temo que por ahora el andador va a quedar guardado fuera de la vista a menos que dispongamos de un buen rato para jugar con él. Si aun así hay rabieta, intento distraerlo con otra cosa o simplemente lo cojo en brazos hasta que se le pasa. Y soy optimista, seguro que al empezar pronto esta etapa también se acabará antes. ¿Verdad?

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El Cachorro sobre ruedas

Como regalo por su primer cumpleaños, le compré al Cachorro un triciclo de la marca Radio Flyer. Es una marca estadounidense poco conocida en España, aunque creo que a mucha gente le sonará de ver en muchas películas su producto más famoso, la vagoneta roja en la que los niños se montan, llenan de juguetes o incluso llevan a sus hermanos pequeños.

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El carrito clásico de Radio Flyer

En España es posible encontrar los modelos más comunes en alguna tienda online especializada en bebés o en Amazon. Pero ya puestos en gastos, yo quería elegirlo a mi gusto, así que lo he comprado directamente de la web de Radio Flyer, con todos los complementos que me ha apetecido. Por desgracia no venden a España, así que tuve que pedir ayuda a una amiga de mi madre que viven en los EEUU, para que ella me lo reenviara (gracias Miryam!).

¡Y por fin, ayer, llegó el paquete! Por supuesto venía desmontado, así que me pasé alrededor de hora y media con el salón lleno de cajas de cartón despanzurradas y piezas rojas desparramadas por todas partes. Esto le pareció al Cachorro que era demasiado bueno para perdérselo, así que se pasó toooodo el tiempo llorando a grito pelado para que lo dejáramos unirse a la fiesta, con un berrinche de los de lagrimones y cara congestionada de pura frustración.

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Zafarrancho de combate

El triciclo es muy sólido, con una estructura de acero, lo que además le da bastante peso y hace más difícil que vuelque. Y lleva una barra con asa que no solo permite sujetar y empujar el triciclo, sino que al ir unida a la barra de dirección permite conducirlo al adulto que lo va empujando, sin que el niño intervenga para nada. También tiene reposapiés para esta primera etapa, en la que el niño aún no le llega a los pedales. Además, Radio Flyer ofrece la posibilidad de añadir una serie de extras a su triciclo básico, y yo los he puesto casi todos, así, a lo loco. Para empezar, los que añaden seguridad: el reposacabezas con el arnés y el barrote lateral, para impedir que el niño se caiga. Y después, los molones: el baúl trasero, altavoces para conectar un reproductor de mp3, un timbre clásico de bicicleta y la matrícula personalizada. Y estamos encantados con el resultado.

Todos los extras se pueden ir eliminando según va creciendo el niño, para permitirle conducirlo él mismo y subir y bajar a su antojo. Y tengo claro que pienso reciclar la matrícula y los altavoces para cuando pase a la bicicleta.

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El Cachorro sobre ruedas

Después de la siesta que siguió a la rabieta salimos a probar el triciclo y con Born to be Wild de música de fondo, el Cachorro se lo pasó en grande. Aprendió enseguida a usar el timbre y no paró de hacerlo sonar, mientras lo empujábamos calle adelante. Se divirtió a lo loco, y al final ya intentaba controlar él el manillar e incluso alcanzar los pedales. ¡Menos mal que aún no llega porque no me lo quiero imaginar conduciendo por ahí!

 

 

Seguridad para el Cachorro

Ha llegado la hora. El Cachorro ya gatea a velocidades de vértigo y se pone de pie agarrado a los muebles, con lo que alcanza a cajones y puertas de armarios, así que ya he tenido que comprado pestillos y cierres de seguridad para evitar que los abra y coja algo con lo que pueda hacerse daño. Y de paso que vacíe el mueble entero y lo deje todo patas arriba, lo cual es casi tan importante.

Estuve buscando en Amazon y encontré dos tipos de pestillos a muy buen precio, para los que dejo el link aquí y aquí. He preferido sistemas auto-adhesivos en lugar de los que van atornillados, porque tengo la esperanza de que esta criatura crezca y se vuelva sensata, con lo que los podré quitar. No es una idea tan descabellada, creo yo…

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Han quedado bastante bien, y sobre todo son efectivos: el Cachorro no es capaz de abrirlos, al menos por ahora, así que está a salvo de cuchillos de cocina y productos de limpieza. Y las sábanas limpias, el router y los libros están a salvo de él. Por unos 20€ la casa ha quedado convertida en un entorno seguro, al menos al nivel al que él alcanza. Estoy pensando en comprar algún sistema de sujeción para la tele, pero por ahora aún no le llega.

Por supuesto esto no le ha hecho bajar el ritmo y sigue recorriendo la casa como una centella en busca de enchufes, cables de ordenador, zapatos y cualquier miguita o pelusilla que se ponga a su alcance.

 

El Cachorro y los berrinches

Todo el mundo habla siempre de las rabietas terribles que se cogen los niños entre los dos y los tres años. Pataletas en el supermercado porque el niño quiere una chuchería, llantos a grito pelado tirado en medio de la calle porque es la hora de irse del parque, o simplemente berrinches tremendos sin motivo aparente. Así que una está sobre aviso, y se prepara mentalmente para los terrible twos, esperando que los demás padres sean comprensivos para no pasar demasiada vergüenza.

¡Pero para lo que no estaba preparada era para empezar antes incluso de cumplir el año! El Cachorro siempre ha sido un bebé risueño y que apenas llora. Hasta ahora tenía que estar muy hambriento o muerto de sueño para lloriquear un poquito, y solo se quejaba cuando se aburría de estar en la trona o en el parque. Hasta ahora.

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Sigue siendo risueño, es verdad… siempre que tenga lo que quiere. Pero desde hace un par de semanas estamos teniendo rabietas cada dos por tres. Solo le gusta estar en el suelo, gateando a su supervelocidad, lo que implica que detrás tiene que ir un adulto para impedir que chupe enchufes, arranque llaves de armarios, abra cajones, etc. Si se lo coge en brazos, se pone a señalar, como un Cristobal Colón desquiciado, adónde quiere ir, y si no obedecemos, llanto. Si tira un juguete y no se lo devolvemos, más llanto. Si quiero que se quede tumbado para cambiarle el pañal, berrinche ensordecedor.

Se pasa el día de disgusto en disgusto, con unos lagrimones enormes y hasta pucheros, que se borran al instante en cuanto se sale con la suya. ¡Se ha convertido en un pequeño tirano! Así que cada día intento negarle alguna cosa, para que vaya entendiendo que no siempre puede tener lo que quiere. Ya sé que es sólo un bebé y que no sabe cómo lidiar con la frustración, así que intento tener paciencia y evitar que se ponga a aporrear el suelo con la cabeza. Muchos abrazos y nada de gritos, que ya bastantes pega él, y a capear el temporal. Pero como esto dure hasta los cuatro años se me va a hacer MUY largo.

El primer cumpleaños

El sábado el Cachorro cumplió un año y le hicimos una pequeña fiesta en casa. Unos cuantos globos, unas serpentinas y unas guirnaldas para adornar, unos gorritos de fiesta y una tarta de chocolate, fueron suficientes para que el Cachorro pensara que nos habíamos vuelto locos y se apresurara a ponerse a nuestra altura.

Obviamente, el Cachorro es demasiado pequeño para saber lo que es un cumpleaños, pero sí se dio cuenta de que la situación era festiva, y creo que se lo pasó en grande. Le encantaron los globos, pero se enfadó cuando se los quitamos porque le arrancó a uno el rabito de un mordisco. La lluvia de serpentinas lo puso loquísimo y se entretuvo haciéndolas trizas con gran dedicación.

Hizo poco caso de sus regalos, salvo de un par de cuentos con sonido, uno de un tren y otro de un camión, a los que mantiene haciendo ruido de forma constante pero pasando totalmente de las historias, por muchos esfuerzos que uno haga por leérselas. También le gustó una pelota de goma que compramos en Tiger por unos 3€, pero bueno, no me quejo. Podría haber elegido como favorito el envoltorio, que es gratis.

Y por fin llegó la tarta. Como somos muy precavidos, hicimos la primera parte de la fiesta con el Cachorro bien vestido, con su camisa de lino planchadita para que saliera guapo en las fotos, y se la quitamos antes de darle la tarta. Por supuesto, pasó de su velita olímpicamente, pero cuando le pusimos su porción delante, sí que mostró interés: la cogió a puñados y la tiró al suelo.

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Eso no le impidió embadurnarse enterito en chocolate, claro está. Nada más terminar tuvimos que meterlo en la bañera directamente, y después darle a la trona con la manguera.

¡Un año ya! Qué rápido pasa el tiempo, hace un minuto era aquella criaturita que no era capaz ni de sostener la cabeza y ahora es un demonio que gatea a la velocidad del sonido y tira todo lo que se pone a su alcance. Qué ganas tengo de ver cómo cambia en este próximo año.

El Cachorro y el andador

Hace unos días contaba que había probado con el Cachorro el andador Niniwalker y que parecía que nos iba a ir bastante bien. Lo hemos seguido usando de vez en cuando, pero ha quedado claro que el Cachorro tiene otras preferencias a la hora de buscar apoyos para caminar. Y su favorito, con diferencia, es el parque.

Hace ya meses que compré este parque en Amazon, de madera, tipo corralito, y nos ha venido muy bien para tener al Cachorro controlado, pero eso se acabó. Ha descubierto que si empuja con la fuerza suficiente se lo puede llevar de paseo, y le encanta. Recorre la casa arrastrando el parque como si fuera una apisonadora o un ariete con el que embestir puertas y muebles, dando gritos de entusiasmo todo el rato como si fuera la sirena de un camión de bomberos.

Tanta caña le ha dado al pobre parque que este ha sido el resultado:

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Por suerte hemos podido reemplazar esa parte, porque el parque trae ocho secciones y solo estamos usando cuatro. Así que el Cachorro podrá seguir a topetazo limpio con todo lo que se le ponga por delante, tan feliz.