El Cachorro sobre ruedas

Como regalo por su primer cumpleaños, le compré al Cachorro un triciclo de la marca Radio Flyer. Es una marca estadounidense poco conocida en España, aunque creo que a mucha gente le sonará de ver en muchas películas su producto más famoso, la vagoneta roja en la que los niños se montan, llenan de juguetes o incluso llevan a sus hermanos pequeños.

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El carrito clásico de Radio Flyer

En España es posible encontrar los modelos más comunes en alguna tienda online especializada en bebés o en Amazon. Pero ya puestos en gastos, yo quería elegirlo a mi gusto, así que lo he comprado directamente de la web de Radio Flyer, con todos los complementos que me ha apetecido. Por desgracia no venden a España, así que tuve que pedir ayuda a una amiga de mi madre que viven en los EEUU, para que ella me lo reenviara (gracias Miryam!).

¡Y por fin, ayer, llegó el paquete! Por supuesto venía desmontado, así que me pasé alrededor de hora y media con el salón lleno de cajas de cartón despanzurradas y piezas rojas desparramadas por todas partes. Esto le pareció al Cachorro que era demasiado bueno para perdérselo, así que se pasó toooodo el tiempo llorando a grito pelado para que lo dejáramos unirse a la fiesta, con un berrinche de los de lagrimones y cara congestionada de pura frustración.

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Zafarrancho de combate

El triciclo es muy sólido, con una estructura de acero, lo que además le da bastante peso y hace más difícil que vuelque. Y lleva una barra con asa que no solo permite sujetar y empujar el triciclo, sino que al ir unida a la barra de dirección permite conducirlo al adulto que lo va empujando, sin que el niño intervenga para nada. También tiene reposapiés para esta primera etapa, en la que el niño aún no le llega a los pedales. Además, Radio Flyer ofrece la posibilidad de añadir una serie de extras a su triciclo básico, y yo los he puesto casi todos, así, a lo loco. Para empezar, los que añaden seguridad: el reposacabezas con el arnés y el barrote lateral, para impedir que el niño se caiga. Y después, los molones: el baúl trasero, altavoces para conectar un reproductor de mp3, un timbre clásico de bicicleta y la matrícula personalizada. Y estamos encantados con el resultado.

Todos los extras se pueden ir eliminando según va creciendo el niño, para permitirle conducirlo él mismo y subir y bajar a su antojo. Y tengo claro que pienso reciclar la matrícula y los altavoces para cuando pase a la bicicleta.

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El Cachorro sobre ruedas

Después de la siesta que siguió a la rabieta salimos a probar el triciclo y con Born to be Wild de música de fondo, el Cachorro se lo pasó en grande. Aprendió enseguida a usar el timbre y no paró de hacerlo sonar, mientras lo empujábamos calle adelante. Se divirtió a lo loco, y al final ya intentaba controlar él el manillar e incluso alcanzar los pedales. ¡Menos mal que aún no llega porque no me lo quiero imaginar conduciendo por ahí!

 

 

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