“Ni rabietas ni conflictos”, de Rosa Jové

ni rabietasHace unos días comenté que el Cachorro ya ha empezado a tener rabietas cuando no se sale con la suya, e inmediatamente una de mis amigas 2.0 del grupo de Whatsapp de madres, todas primerizas, que compartimos consejos y experiencias, acudió al rescate y me recomendó este libro.

El libro da una serie de estrategias para hacer frente a las rabietas, según la edad del niño, en tres etapas que van desde el nacimiento hasta los 12 años, aunque se considera que las rabietas suelen empezar hacia los 18 meses. Así que ya vi enseguida que la autora también piensa que empezar antes del año es un poco precoz…

Aunque no da ninguna receta mágica para hacer desaparecer los berrinches (lástima), sí que explica claramente lo que no se debe hacer nunca: pegar o castigar al niño. No se pega porque está mal, ni a un adulto ni mucho menos a un bebé indefenso. Y proporciona un montón de bibliografía sobre estudios psicológicos que indican que los castigos solo sirven para atemorizar a los niños y hacerlos más inseguros.

Por supuesto, todas éstas son ideas con las que yo ya estaba de acuerdo, para mí sería imposible leer un libro que recomendase dar un par de azotes a un niño porque llora para recuperar su juguete, o dejarlo llorar hasta que se duerma de agotamiento. Pero ojalá que lo lean muchas personas para las que sea una revelación y los haga cambiar.

Esto me ha hecho recordar las novelas de Robert A. Heinlein y ya me he puesto de mal humor… mejor volver al libro de Rosa Jové.

El consejo más importante que da la autora es que no hay que perder la paciencia, mantener la calma y sobre todo no enfadarse. Hay que explicarle al niño por qué se están contrariando sus deseos y si, como en mi caso, el niño es demasiado pequeño para entender, solo se pueden hacer tres cosas: intentar evitar situaciones que puedan desencadenar la rabieta, dejar que se salga con la suya o capear el temporal.

Y por ahora es lo que estoy haciendo. Por ejemplo, siempre que ha estado jugando un rato con su andador, si se lo retiro porque tengo algo que hacer o porque es la hora de comer o cualquier otra cosa, se coge un cabreo fenomenal y llora a gritos. Así que me temo que por ahora el andador va a quedar guardado fuera de la vista a menos que dispongamos de un buen rato para jugar con él. Si aun así hay rabieta, intento distraerlo con otra cosa o simplemente lo cojo en brazos hasta que se le pasa. Y soy optimista, seguro que al empezar pronto esta etapa también se acabará antes. ¿Verdad?

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