Vuelta a la guardería

Ayer por la tarde tuvimos la reunión de inicio de curso en la guardería del Cachorro, justo antes de empezar hoy el curso. Pero ya tuvimos un preámbulo por la mañana, porque cuando salimos a dar un paseo nos encontramos con su profe del año pasado, que precisamente iba hacia la guardería. La verdad es que el que la vio primero fue el Cachorro, que se puso loquísimo, a señalarla y a gritar. Ella se paró enseguida para saludarnos y decirle lo grandote que lo veía, mientras el Cachorro, que la quiere un montón, se puso tan nervioso que hasta se echó a llorar.

Por la tarde nos volvimos a ver, pero el Cachorro ya se mostró más tranquilo, supongo que distraído de ver a tanta gente. Primero tuvimos una reunión general en la que se explicaron las normas y los horarios de la guardería, supongo que sobre todo para los nuevos, y después ya nos fuimos cada clase con nuestro profe. Y yo encantada, porque nos vuelve a tocar la del año pasado. No sé si es lo habitual, que vayan cambiando de clase con los niños, pero me parece genial porque así no tienen que acostumbrarse a alguien nuevo, y como ya he dicho el Cachorro está feliz con su profe.

Cuando digo que estuvo tranquilo quiero decir en cuanto a la profesora, porque por lo demás, se portó fatal un poco regular. Durante el rato de la reunión general se dedicó a intentar tirarse al suelo de cabeza y a darle pellizcos y a intentar quitarle el móvil al hombre que estaba sentado a mi lado, quien por suerte se lo tomó a risa. Después nos fuimos a su clase y lo dejé en el suelo para que jugara tranquilo. Pero había otro niño, más o menos de su edad aunque más chico de tamaño, y en cuanto el pobre crío tocaba un juguete allá se iba el Cachorro llorando a gritos a quitárselo. El otro niño se llevaba unos sustos tremendos e inmediatamente soltaba el juguete en cuestión, con lo que al Cachorro inmediatamente se le secaban las lágrimas. Y yo espantada, intentando que dejara en paz a aquella criatura. Un bochorno, vamos.

Total, que hoy he llevado al Cachorro a la guardería, así, sin adaptación ni nada mi pobrecito, directamente al aula de horario ampliado a las 8 de la mañana. Y cuando ha visto que me iba el pobre se ha puesto a llorar a moco tendido, que me ha dado una pena horrorosa, pero no me queda más remedio que ir a trabajar.

He salido del trabajo disparada, deseando ir a recogerlo y saber cómo había pasado el día, si había llorado mucho, si había comido bien, si lo había pasado mal allí tantas horas el primer día. Me lo he encontrado jugando tan pancho, me han dicho que estuvo todo el día de lo más tranquilo, excepto si le quitaban algún juguete, y que se había zampado la papilla tan contento. La misma papilla que cuando se la quiero dar en casa se comporta como si tuviera veneno.

Y ahora se ha quedado dormido en el sofá, exhausto después de un duro día de juegos. Y mañana repetimos.

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