Archivos Mensuales: octubre 2016

Primeras palabras, primeros pasos, primer aviso

Como ya he contado, hace dos semanas le retiré al Cachorro de la dieta la lactosa, y desde entonces no ha vuelto a tener problemas intestinales, a pesar de que tuve que darle gluten durante varios días para hacerle el test de la celiaquía. Fue en dos tandas, teníamos cita el jueves en el Centro de Salud, pero como allí no fueron capaces de sacarle sangre nos derivaron al hospital. Fuimos al día siguiente, y aunque la enfermera al principio se alarmó un poco al saber que lo habían pinchado el día anterior, temiendo que le hubieran estropeado las venas, ella lo pinchó en unos segundos y sin ningún problema.

La semana que viene nos darán los resultados, pero entre tanto, durante estas dos semanas el Cachorro ha avanzado de forma notable. Será casualidad, pero desde que está bien de la tripa ha empezado a engordar, a hablar y ¡a caminar! Dice con claridad mamá, agua y sobre todo NO, con mucha contundencia. También usa algunas medias palabras como pa, que le sirve tanto para “pelota” como para “pájaro”.

Y hace unos días se lanzó por fin a caminar él solito, con paso vacilante y las manos en el aire para mantener el equilibrio. Dio cuatro pasos y al quinto  ya intentó echarse a correr, así que me temo que se aproxima una etapa muy movida, desde ahora y hasta que adquiera aunque sea una pizca de instinto de autoconservación, del cual ahora mismo carece totalmente. Por ejemplo, ayer se subió a la mesa del salón, él solo y sin nada que le sirviera de escalón.

Pero hay otros avances, que también me hacen ver que el Cachorro se hace mayor. Esta tarde me dijo ca, y se señaló el pañal. Lo llevé a su cambiador y efectivamente, había hecho caca. Por supuesto hay una enorme diferencia entre que avise de que ha hecho caca y de que la va a hacer, pero aún así por primera vez puedo atisbar que sí, un día llegará el fin de los pañales.

El Cachorro se hace mayor.

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Lote de cuentos del Dr Seuss

Como siempre, cuando se trata de libros para el Cachorro, no hay quien me contenga. Mi actitud con el dinero se parece a la de esta viñeta de Sarah Anderson:

money

El otro día compré en Amazon un lote de 20 cuentos del Dr. Seuss en una súper oferta, por poco más de 40€, y me acaban de llegar. Están en inglés, pero el Cachorro ya está acostumbrado porque en la guardería les leen cuentos también en inglés con frecuencia, y así espero que vaya acostumbrando el oído. Son muchos de los títulos más conocidos de este famoso escritor infantil, y vienen marcados en tres categorías, por colores: azul, verde y amarillo, para niños que aún no saben leer, para principiantes y para los que ya leen con cierta fluidez. Nosotros por ahora hemos empezado con los más básicos, como Mr Brown Can Moo, Can you? y Hop on Pop, que están llenos de onomatopeyas, rimas y dibujos extravagantes.

seuss

La actitud del Cachorro con los libros está empezando a cambiar. Todavía les da manotazos e intenta arrancarles los lomos a mordiscos, pero con este tipo de cuentos se queda cada vez más tiempo atento y tranquilo, mucho más que con los que hasta ahora han sido sus favoritos: los libros de sonidos y los de pop-ups como El pollo Pepe. Mira las ilustraciones e incluso alguna vez repite los sonidos que le estoy leyendo. Por supuesto, al cabo de un rato ya se cansa e intenta arrugar las páginas de mala manera, pero vamos mejorando.

Soy una impaciente, me muero de ganas de que el Cachorro aprenda a leer, para que pueda disfrutar de los libros tanto como he disfrutado yo. En mi cabeza ya tengo listas interminables de libros y autores con los que tentarlo. Enid Blyton, El paquete parlante, Neil Gaiman… ¡El Hobbit! Continuamente tengo que recordarme que se trata de que él disfrute de la lectura, no yo, pero por si acaso voy a llenar la casa de libros con los que tentarlo, y con un poco de suerte dentro de 4 ó 5 años tendré un pequeño lector.

En cuanto a esta última compra, estoy contenta. Al Cachorro le gustan, y cada libro individual suele costar 5 ó 6€, así que ha sido una ganga.

El Cachorro y los animales

No sé por qué será que a todos los bebés les gustan los animales, y desde luego el Cachorro no es una excepción. Señala entusiasmado cada perro que ve en la calle, aunque eso sí, desde una distancia pruedente, si se le acercan mucho ya no quiere saber nada. También le gustan muchísimo los pájaros, se fija en todos los que pasan volando, los señala con su dedito en alto y los llama “pa”. Incluso le gusta una serie de dibujos animados que se llama Zou, sobre una cebra, y creo que es porque tiene un pajarito que lo acompaña a todas partes.

Con esto en mente, hace una semana fuimos a dar un paseo por el centro de Alcalá, ya que por la celebración de la Semana Cervantina había un mercadillo medieval y montones de actividades, entre ellas una exhibición de cetrería.

No conseguimos ver a las aves en vuelo, pero sí en sus perchas en el puesto que tenían en la plaza de Cervantes, y el Cachorro se quedó alucinado. Había un buitre enorme que no dejaba de mirar fijamente a todo el mundo, lo cual era un poco enervante, en mi opinión. Halcones, milanos, lechuzas… incluso un búho de más de medio metro de altura, con unos ojos anaranjados que parecían emitir luz. El Cachorro no perdió detalle y se quedó entusiasmado.

Pero no solo vimos aves rapaces, en el mercadillo había también burros y ponies en los que los niños podían dar un paseo, y sorprendentemente también vimos camellos y dromedarios. Qué tendrán que ver con Cervantes es para mí un misterio, pero el Cachorro los miraba con ojos como platos mientras se paseaban por el recinto con niños subidos a sus jorobas.

La mañana se pasó volando y el Cachorro disfrutó a tope. Y, casualidad, al día siguiente hubo más ponies. Fuimos a un parque relativamente nuevo que hay en Torrejón, el Parque Europa. Es un parque enorme en el que han puesto un montón de reproducciones de monumentos europeos, desde la Torre Eiffel a la Puerta de Brandenburgo. El efecto es la mar de hortera, pero además de estos falsos monumentos hay montones de cosas para que disfruten los niños. Por supuesto, hay columpios, toboganes y lo típico de cualquier parque, pero también hay un pequeño tren que recorre parte del parque, y una vez más, ponies para que paseen los niños. El Cachorro una vez más se quedó encantado cuando los vio, y por lo que a él se refiere nos podríamos haber quedado allí plantados todo el día, observando a los ponies ir y venir llevando a algún niño. Está claro que algún día tendremos que probar el paseo, cuando el Cachorro deje de tirarse de cabeza de cualquier sitio sin previo aviso. Tal vez pueda usar los ponies para negociar…

Mientras tanto creo que seguiremos observando a todos los pájaros que levanten el vuelo durante nuestros paseos.

Intolerancia alimentaria, pero ¿a qué?

Hoy toca hablar de caca. No es que sea un tema que me guste, que yo soy de lo más escrupulosa y creo que esas cosas deben quedar en la intimidad del cuarto de baño de cada uno. Pero como tengo un Cachorro que lleva pañales, y los llevará todavía muchos meses más, su higiene en ese aspecto depende totalmente de mí. Y es una tarea que es muchísimo más fácil e infinitamente menos sucia cuando el Cachorro está sano.

Al final del curso pasado el Cachorro dejó la guardería rollizo, con un par de mofletes bastante notables y unas piernotas a las que daban ganas de darles un bocado. Pesaba 9 kg y aunque nunca ha sido un bebé gordo, se lo veía bien alimentado.

Pero los michelines le duraron poco. En primer lugar, siempre ha sido difícil hacer que coma en casa, rechaza de plano las papillas y solo quiere leche, mientras que en la guardería siempre me dicen que se pone morado y que se abalanza sobre la cuchara. Pero aún así, mal que bien, iba comiendo algo, a veces en trocitos, otras en papilla y casi siempre complementado con un biberón con cereales. Y siempre, cada pocos días de deposiciones normales, empezaba con unas cacas muy blandas, amarillentas y ácidas, no más frecuentes de lo normal pero que a todas luces no eran normales.

Empecé a sospechar que era el gluten lo que le hacía daño, así que cuando empezaba con las cacas feas sustituía los cereales normales por cereales sin gluten, hasta que volvía a mejorar, cosa que no parecía ocurrir siempre. También pensé que tal vez era por llevar una dieta tan líquida, ya que al no ir a la guardería tomaba casi exclusivamente leche.

Y llegó septiembre, y la vuelta a la guardería, con sus papillas deliciosas desde el punto de vista del Cachorro, pero la cosa seguía igual, casi todos los días lo tenían que cambiar de ropa porque se manchaba. Seguíamos con dieta sin gluten, e incluso le retiré el yogur para bebés que tomaba en la merienda por si acaso tenía algo que ver, pero nada. Así que nos fuimos a ver a su pediatra para pedirle que le hicieran las pruebas de intolerancia al gluten.

Esta prueba consiste en un análisis de sangre, para detectar si hay presencia de los anticuerpos que generan los intolerantes ante la presencia de gluten en la dieta. Vamos, que el paciente tiene que estar tomando gluten para que el análisis sea fiable, y aún así es fácil que se produzca un falso negativo. Otra opción, que no cubre la seguridad social, es el análisis genético, que se hace sobre una muestra de saliva, y detecta la predisposición genética a padecer esta intolerancia, y que ya estoy averiguando dónde hacer. Y ya como último recurso queda la biopsia, que se realiza mediante gastroscopia. Y que va a ser que no le voy a hacer al Cachorro bajo ningún concepto, antes de eso le quitaría el gluten de la dieta y punto.

Estábamos en este punto, con el Cachorro empezando a tomar gluten otra vez en preparación para el análisis, cuando ya para rematar la faena pilló una gastroenteritis. Las deposiciones ya no eran blandas, sino líquidas, y llegamos a ensuciar cuatro pañales en un único cambio: lo limpiaba, le ponía el pañal limpio debajo, hacía más caca, lo limpiaba, le ponía el pañal limpio, hacía más caca…

Tras muchísimo suero con sabor a fresita, eliminar otra vez el gluten de la dieta y varios días con todas las ventanas abiertas, el Cachorro volvió a una única caca al día, pero sin terminar de mejorar por completo, así que el viernes pasado la pediatra nos ha mandado hacer un cultivo, para descartar una infección bacteriana, y hemos aplazado la prueba del gluten hasta el jueves. El cultivo, debido a que venía el fin de semana y hoy lunes es festivo local no se lo harán hasta mañana martes.

Llegó el fin de semana y continuó con la misma tónica, con deposiciones blandas o casi líquidas, así que el sábado por la noche me fui a una farmacia de guardia y compré un bote de leche de continuación sin lactosa. Se la di esa noche y a la mañana siguiente, y un rato después del desayuno el Cachorro hizo caca… normal. ¡Por primera vez en semanas!

No sé si el Cachorro tendrá intolerancia a la lactosa, o si es un caso de intolerancia secundaria. Esto se produce cuando el paciente ya tiene el intestino muy irritado por otra causa, y durante ese tiempo además de lo que ya tenía no es capaz de digerir la lactosa. O tal vez sea casualidad, o que la gastroenteritis le duró más tiempo de lo normal, o yo que sé. La cuestión es que mientras funcione, yo voy a seguir dándole leche sin lactosa. Hoy ha empezado a tomar otra vez gluten en preparación para el análisis del jueves, y mañana llevaremos su muestra de heces para hacer el cultivo, para así cubrir todos los frentes, y haremos más pruebas hasta encontrar el problema. Pero el caso es que ya lleva dos días sin diarrea, y con mucho más apetito.

Y con esto espero que se acaben los posts escatológicos por una buena temporada, por lo menos hasta que nos toque dejar los pañales.

 

El Cachorro en la clase de los Delfines

En la guardería a la que va el Cachorro las distintas clases tienen nombres de animales. Por ejemplo, el año pasado estaba en la clase de los Búhos que era una de las dos clases de bebés, y este año está en la de los Delfines. Pero hay una criaturita en su clase que más bien debería estar en la de los Tiburones, porque me lo tiene todo marcado a mordiscos al pobre.

Es verdad que el Cachorro tiene su parte de culpa, ya que en cuanto otro niño coge un juguete que él quiere, se lanza como una centella a quitárselo, y aunque es de los menores en edad de la clase, al mismo tiempo es de los más grandotes. Y esta niña en cuestión, cuando ve que le van a quitar el juguete, se defiende y muerde.

El viernes pasado vino con la marca de unos dientes bien clarita en el brazo, dos abajo y otros dos arriba, que no hacía más que señalarse para enseñarla, con cara de “¿pero te puedes creer esta afrenta?” Ayer todavía se le notaba un poco, pero ya quedó olvidada por la aparición de una nueva mucho más lograda: un círculo casi perfecto con dos dientes abajo y 4 arriba.

Algunos delfines tienen dientes afilados

Algunos delfines tienen dientes afilados

En la guardería dicen que están pendientes y que cuando hay un bocado los separan y regañan a la agresora, pero que en realidad poco pueden hacer con niños tan pequeños. Yo lo entiendo y quiero que el Cachorro aprenda que no se le pueden quitar las cosas a los otros niños, pero mucho me temo que lo único que va a aprender con esta experiencia es a morder.

El apego, o mamitis aguda

Hasta ahora el Cachorro había sido una criatura bastante independiente, siempre dispuesto a sonreír a los extraños, y que no me prestaba demasiada atención si estaba entretenido con algo. Pero desde hace unas pocas semanas ha descubierto el apego. Un apego algo caótico, pero apego al fin y al cabo.

Parece haber empezado con el nuevo curso. Antes cuando lo llevaba a la guardería se quedaba allí tan pancho y no me prestaba la menor atención cuando me iba, pero ahora, en cuanto ve que atravesamos la puerta de su clase, intenta agarrarse a ella para obligarme a salir. Lo curioso es que durante todo el camino va tranquilo, es solo al llegar por fin al final del trayecto cuando parece pensar, ¡uy, que esta petarda me va a dejar aquí! A partir de ahí todo son lloros, agarrarse a mis piernas y montar drama. Hasta que la profe vuelca en el suelo un cajón lleno de coches de juguete y ya se olvida de que madre no hay más que una.

Pero últimamente también está así en la calle, e incluso en casa. En el supermercado, si me alejo de él dos pasos para coger algo de una estantería, ya empiezan los lloros de protesta y los gritos de mamá, mamá, y en casa si salgo de la habitación se echa a llorar a gritos.

También es verdad que a veces parece despistarse un poco, y si ve a alguna mujer más o menos similar a mí en edad o aspecto, también la reclama como su madre perdida, y como a la sustituta se le ocurra meterse en un coche y marcharse, ni una madre verdadera puede consolarlo.

Todo esto es de lo más desconcertante, pero tiene un lado bueno: por fin dice mamá con claridad y dirigiéndose a mí.