El Cachorro y los animales

No sé por qué será que a todos los bebés les gustan los animales, y desde luego el Cachorro no es una excepción. Señala entusiasmado cada perro que ve en la calle, aunque eso sí, desde una distancia pruedente, si se le acercan mucho ya no quiere saber nada. También le gustan muchísimo los pájaros, se fija en todos los que pasan volando, los señala con su dedito en alto y los llama “pa”. Incluso le gusta una serie de dibujos animados que se llama Zou, sobre una cebra, y creo que es porque tiene un pajarito que lo acompaña a todas partes.

Con esto en mente, hace una semana fuimos a dar un paseo por el centro de Alcalá, ya que por la celebración de la Semana Cervantina había un mercadillo medieval y montones de actividades, entre ellas una exhibición de cetrería.

No conseguimos ver a las aves en vuelo, pero sí en sus perchas en el puesto que tenían en la plaza de Cervantes, y el Cachorro se quedó alucinado. Había un buitre enorme que no dejaba de mirar fijamente a todo el mundo, lo cual era un poco enervante, en mi opinión. Halcones, milanos, lechuzas… incluso un búho de más de medio metro de altura, con unos ojos anaranjados que parecían emitir luz. El Cachorro no perdió detalle y se quedó entusiasmado.

Pero no solo vimos aves rapaces, en el mercadillo había también burros y ponies en los que los niños podían dar un paseo, y sorprendentemente también vimos camellos y dromedarios. Qué tendrán que ver con Cervantes es para mí un misterio, pero el Cachorro los miraba con ojos como platos mientras se paseaban por el recinto con niños subidos a sus jorobas.

La mañana se pasó volando y el Cachorro disfrutó a tope. Y, casualidad, al día siguiente hubo más ponies. Fuimos a un parque relativamente nuevo que hay en Torrejón, el Parque Europa. Es un parque enorme en el que han puesto un montón de reproducciones de monumentos europeos, desde la Torre Eiffel a la Puerta de Brandenburgo. El efecto es la mar de hortera, pero además de estos falsos monumentos hay montones de cosas para que disfruten los niños. Por supuesto, hay columpios, toboganes y lo típico de cualquier parque, pero también hay un pequeño tren que recorre parte del parque, y una vez más, ponies para que paseen los niños. El Cachorro una vez más se quedó encantado cuando los vio, y por lo que a él se refiere nos podríamos haber quedado allí plantados todo el día, observando a los ponies ir y venir llevando a algún niño. Está claro que algún día tendremos que probar el paseo, cuando el Cachorro deje de tirarse de cabeza de cualquier sitio sin previo aviso. Tal vez pueda usar los ponies para negociar…

Mientras tanto creo que seguiremos observando a todos los pájaros que levanten el vuelo durante nuestros paseos.

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