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Boca mano pie, segundo round

Ayer a primera hora llevé al Cachorro a sacarle sangre para los análisis genéticos de intolerancia al gluten. Hacía un frío horroroso tan temprano, así que íbamos como el muñeco de Michelín, hechos unas bolas de ropa y bufandas.

Nos atendieron muy rápido, porque a los niños siempre los pasan los primeros. La enfermera que lo iba a pinchar estuvo un buen rato buscando una vena antes de pincharlo, mientras el Cachorro ya iba calentando los pulmones, viendo lo que se avecinaba. Finalmente la enfermera lo pinchó, mientras otro compañero suyo le sujetaba el bracito. Pero al parecer no lo hizo con la suficiente fuerza, seguramente porque le daba miedo hacerle daño, así que se movió y dejó de salir la sangre. Así que la enfermera lo echó de allí y mandó venir a otra, que seguramente no tenía piedad, y lo pincharon de nuevo en el otro brazo. A todo esto, el Cachorro llorando a grito pelado, por supuesto.

Total, que después del mal trago, cuando volvimos a casa el Cachorro se quedó dormido, lo que no me pareció raro, que los berrinches cansan un montón. Pero después de dos horas de siesta se despertó malhumorado y muy flojito, y quería seguir durmiendo. No quiso comer nada, así que lo llevé a la pediatra, porque no se estaba comportando de forma normal.

Ya lo he comentado en alguna otra ocasión, que no comprendo cuando la gente dice que es bueno mandar a los niños a la guardería porque allí se contagian de todo y así se inmunizan. Ponerse enfermo para después no ponerse enfermo no me parece ninguna ventaja, será porque soy de ciencias pero para mí la suma es cero. Y además en muchos casos, ni eso. Porque resulta que el Cachorro, por segunda vez en un mes, tiene el virus boca mano pie. Yo me quedé muy sorprendida cuando la pediatra me dio el diagnóstico, que por otra parte está muy claro puesto que tiene las ampollitas en la boca. Le dije que ya lo había tenido, y ella me contestó que de este virus no se inmunizan y que lo pueden coger un montón de veces.

Así que ayer el Cachorro se pasó todo el día durmiendo y sin querer comer apenas nada, pero hoy se ha levantado ya mucho mejor y ha estado generando caos a su ritmo habitual. Y yo estoy aún más convencida de que las guarderías son un mal necesario que las leyes de conciliación espantosas e insuficientes que tenemos en este país nos obligan a aceptar, pero que los niños, tan pequeñitos, están mucho mejor en su casa.

El virus de boca, mano, pie

Ayer por la tarde teníamos cita con la pediatra y con la enfermera del Cachorro. Con la pediatra para revisarle los oídos, después de una semana de gotas, y con la enfermera para ponerle la vacuna de la varicela, que toca a los 15 meses. A media tarde me llamaron del centro de salud para avisarme de que se habían quedado sin la vacuna, para que me ahorrase el paseo, pero les dije que me parecía que iba a tener que ir igual: el Cachorro tenía una temperatura de 39º.

A lo largo de esta semana la clase del Cachorro en la guardería ha ido perdiendo niños, uno o dos cada día, a los que enviaban a casa con fiebre alta. Ayer quedaban cinco niños, de un total de 13. Y claro, a mediodía recibí la llamada fatídica: el Cachorro tenía unas décimas de fiebre. Por si los problemas de intolerancia alimentaria del Cachorro fueran pocos, nos acaba de tocar un premio en forma de virus: el boca, mano, pie.

La verdad es que hasta que tuve al Cachorro no había ni oído hablar de este virus, ni había conocido a nadie que lo hubiera tenido, pero parece que es muy común. La enfermedad produce unas ampollitas muy dolorosas dentro de la boca, y a veces también en las manos y los pies (de ahí el nombre, evidentemente). Da fiebre y los niños se ven muy decaídos y quejosos, y dura alrededor de una semana. Lo único que se puede hacer es tratar los síntomas, con Apiretal para la fiebre y un spray calmante para la boca. Comidas no muy calientes o incluso frías, y nada de frutas ácidas, se salva el plátano y poco más.

En condiciones normales es un fastidio y una pena, porque los niños pasan mucho dolor, pero en nuestro caso aún es peor, porque con el dolor de las ampollas de la boca los niños no quieren comer. Como si el Cachorro no estuviera lo bastante flaquito con sus problemas digestivos, solo nos faltaba una semana más comiendo mal. Ayer ya nos dijeron en la guardería que no había querido comer mucho, aunque por suerte para cenar se tomó un poco de tortilla y su biberón hasta los topes.

Hoy se ha despertado bastante contento y sin fiebre, pero ya se le ven las ampollas hasta en la lengua, aunque por ahora no tiene nada ni en las manos ni en los pies. Esperemos que no vaya a más.