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El Cachorro ya es persona

Pues sí, con 17 meses el Cachorro ya es persona. No quiero decir con esto que hasta ahora no fuera un ser humano, claro está. Pero ha empezado por fin a comunicarse, a decir lo que quiere, o más bien lo que no quiere, y a mostrar su carácter.

En el apartado vocabulario por ahora está la cosa bastante limitada. Si nos basamos en la frecuencia de uso, la palabra es no. Lo dice con contundencia, con voz grave y en ocasiones alargando la o para dar más énfasis: noooo. Por ejemplo, si yo le pregunto: “Pero hijo, ¿no tienes sueño?“, porque son las 11 de la noche y seguimos de marcha, la respuesta es uno de sus noes largos, con movimiento de dedito incluido. Me está bien empleado por preguntar tonterías.

Del no sabemos nada. Si la respuesta es afirmativa se produce el silencio, ni siquiera un gesto con la cabeza. Yo creo que se hace el sueco y que sería perfectamente capaz de decirlo, pero que no le da la gana. Me ha salido contestatario, está claro.

Otra palabra que usa mucho es hola, pero ésta se emplea únicamente con desconocidos o para los teléfonos, haya llamada o no. Que no me espere yo un saludo cuando me ve, porque no va a pasar. Y no dice adiós, pero sí que hace el gesto con la mano, y cuando corresponde. El pitá-pitá es el chupete y le hace mucha gracia que intentemos corregirlo pero sigue diciéndolo a su manera. También dice cocóoo, con mucho entusiasmo para referirse a los cocodrilos e, incomprensiblemente, a los pingüinos. El resto de las cosas son ca (luna, cuento…) o pa (zapato, pelota…) acompañados de un gesto enfático con el dedo.

La cuestión es que aunque aún no habla apenas, entiende prácticamente todo lo que se le dice y da su opinión al respecto, casi siempre contraria. Esta misma mañana se despertó muy temprano y me llamó, pero más bien para comprobar que yo estaba cerca que porque quisiera algo. Me acerqué a su cuna y le pregunté si quería venirse conmigo. Me dijo que no, se volvió a acostar y siguió durmiendo.

Me hace mucha gracia ver cómo va mostrando su personalidad, sus gustos y su sentido del humor. Cada día es más niño y menos bebé.

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Primeras palabras, primeros pasos, primer aviso

Como ya he contado, hace dos semanas le retiré al Cachorro de la dieta la lactosa, y desde entonces no ha vuelto a tener problemas intestinales, a pesar de que tuve que darle gluten durante varios días para hacerle el test de la celiaquía. Fue en dos tandas, teníamos cita el jueves en el Centro de Salud, pero como allí no fueron capaces de sacarle sangre nos derivaron al hospital. Fuimos al día siguiente, y aunque la enfermera al principio se alarmó un poco al saber que lo habían pinchado el día anterior, temiendo que le hubieran estropeado las venas, ella lo pinchó en unos segundos y sin ningún problema.

La semana que viene nos darán los resultados, pero entre tanto, durante estas dos semanas el Cachorro ha avanzado de forma notable. Será casualidad, pero desde que está bien de la tripa ha empezado a engordar, a hablar y ¡a caminar! Dice con claridad mamá, agua y sobre todo NO, con mucha contundencia. También usa algunas medias palabras como pa, que le sirve tanto para “pelota” como para “pájaro”.

Y hace unos días se lanzó por fin a caminar él solito, con paso vacilante y las manos en el aire para mantener el equilibrio. Dio cuatro pasos y al quinto  ya intentó echarse a correr, así que me temo que se aproxima una etapa muy movida, desde ahora y hasta que adquiera aunque sea una pizca de instinto de autoconservación, del cual ahora mismo carece totalmente. Por ejemplo, ayer se subió a la mesa del salón, él solo y sin nada que le sirviera de escalón.

Pero hay otros avances, que también me hacen ver que el Cachorro se hace mayor. Esta tarde me dijo ca, y se señaló el pañal. Lo llevé a su cambiador y efectivamente, había hecho caca. Por supuesto hay una enorme diferencia entre que avise de que ha hecho caca y de que la va a hacer, pero aún así por primera vez puedo atisbar que sí, un día llegará el fin de los pañales.

El Cachorro se hace mayor.

El juego del No

Está claro que en esta era de Internet, los padres recibimos información en un auténtico bombardeo. Y sobre cualquier tema hay opiniones enfrentadas, cuyos partidarios las defienden con vehemencia. Por ejemplo, en cuanto a la conveniencia de decirle “no” a los bebés, hay quien piensa que hay que enseñarles desde muy pequeños cuales son las normas y los límites, mientras que otros padres defienden que es mejor decirles las cosas en positivo, evitando estar siempre diciendo que no.

Yo intento el método positivo con algunas cosas, por ejemplo si me da un golpe o un pellizco, que es una habilidad que ha dominado a la perfección a muy temprana edad, le sujeto la mano y le digo que tiene que tocar a las personas más sueve, con cariño, y me paso su mano por la cara. Y funciona bastante bien, cada vez da menos porrazos. Tampoco creo que haya que exagerar, en esta vida uno tiene que oír muchas negativas, y más vale aprender a lidiar con ello si no se quiere pasar la vida en constante estado de frustración por no salirse con la suya. Hasta los Rolling lo saben.

En general intento no pasarme el día diciendo diciéndole que no haga esto o lo otro, simplemente porque no creo que me entienda. Desde mi punto de vista la cosa va así. El Cachorro se acerca gateando a un enchufe. Yo me levanto corriendo y diciendo “No, no, no, no”, y agitando el dedo para que quede claro, y lo aparto de allí. Pero desde el punto de vista del Cachorro estoy segura de que la cosa es totalmente distinta. Él se acerca a un enchufe, volviéndose a mirarme todo el tiempo para asegurarse de que veo lo que hace. Cuando llega al enchufe ya se está partiendo de risa, se gira hacia mí y agita el dedo en el aire, imitando perfectamente mi gesto, y entonces yo cumplo con mi papel en el juego, que es levantarme corriendo y diciendo “No, no, no, no”, y lo aparto del enchufe, donde ya está metiendo el dedo riéndose a carcajadas.

Total, que he puesto protectores de seguridad en todos los enchufes. Por supuesto, seguimos jugando. El Cachorro porque le parece muy divertido, y yo con la vana esperanza de que acabe entendiendo que los enchufes no se tocan.

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“Ni rabietas ni conflictos”, de Rosa Jové

ni rabietasHace unos días comenté que el Cachorro ya ha empezado a tener rabietas cuando no se sale con la suya, e inmediatamente una de mis amigas 2.0 del grupo de Whatsapp de madres, todas primerizas, que compartimos consejos y experiencias, acudió al rescate y me recomendó este libro.

El libro da una serie de estrategias para hacer frente a las rabietas, según la edad del niño, en tres etapas que van desde el nacimiento hasta los 12 años, aunque se considera que las rabietas suelen empezar hacia los 18 meses. Así que ya vi enseguida que la autora también piensa que empezar antes del año es un poco precoz…

Aunque no da ninguna receta mágica para hacer desaparecer los berrinches (lástima), sí que explica claramente lo que no se debe hacer nunca: pegar o castigar al niño. No se pega porque está mal, ni a un adulto ni mucho menos a un bebé indefenso. Y proporciona un montón de bibliografía sobre estudios psicológicos que indican que los castigos solo sirven para atemorizar a los niños y hacerlos más inseguros.

Por supuesto, todas éstas son ideas con las que yo ya estaba de acuerdo, para mí sería imposible leer un libro que recomendase dar un par de azotes a un niño porque llora para recuperar su juguete, o dejarlo llorar hasta que se duerma de agotamiento. Pero ojalá que lo lean muchas personas para las que sea una revelación y los haga cambiar.

Esto me ha hecho recordar las novelas de Robert A. Heinlein y ya me he puesto de mal humor… mejor volver al libro de Rosa Jové.

El consejo más importante que da la autora es que no hay que perder la paciencia, mantener la calma y sobre todo no enfadarse. Hay que explicarle al niño por qué se están contrariando sus deseos y si, como en mi caso, el niño es demasiado pequeño para entender, solo se pueden hacer tres cosas: intentar evitar situaciones que puedan desencadenar la rabieta, dejar que se salga con la suya o capear el temporal.

Y por ahora es lo que estoy haciendo. Por ejemplo, siempre que ha estado jugando un rato con su andador, si se lo retiro porque tengo algo que hacer o porque es la hora de comer o cualquier otra cosa, se coge un cabreo fenomenal y llora a gritos. Así que me temo que por ahora el andador va a quedar guardado fuera de la vista a menos que dispongamos de un buen rato para jugar con él. Si aun así hay rabieta, intento distraerlo con otra cosa o simplemente lo cojo en brazos hasta que se le pasa. Y soy optimista, seguro que al empezar pronto esta etapa también se acabará antes. ¿Verdad?

El Cachorro y los berrinches

Todo el mundo habla siempre de las rabietas terribles que se cogen los niños entre los dos y los tres años. Pataletas en el supermercado porque el niño quiere una chuchería, llantos a grito pelado tirado en medio de la calle porque es la hora de irse del parque, o simplemente berrinches tremendos sin motivo aparente. Así que una está sobre aviso, y se prepara mentalmente para los terrible twos, esperando que los demás padres sean comprensivos para no pasar demasiada vergüenza.

¡Pero para lo que no estaba preparada era para empezar antes incluso de cumplir el año! El Cachorro siempre ha sido un bebé risueño y que apenas llora. Hasta ahora tenía que estar muy hambriento o muerto de sueño para lloriquear un poquito, y solo se quejaba cuando se aburría de estar en la trona o en el parque. Hasta ahora.

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Sigue siendo risueño, es verdad… siempre que tenga lo que quiere. Pero desde hace un par de semanas estamos teniendo rabietas cada dos por tres. Solo le gusta estar en el suelo, gateando a su supervelocidad, lo que implica que detrás tiene que ir un adulto para impedir que chupe enchufes, arranque llaves de armarios, abra cajones, etc. Si se lo coge en brazos, se pone a señalar, como un Cristobal Colón desquiciado, adónde quiere ir, y si no obedecemos, llanto. Si tira un juguete y no se lo devolvemos, más llanto. Si quiero que se quede tumbado para cambiarle el pañal, berrinche ensordecedor.

Se pasa el día de disgusto en disgusto, con unos lagrimones enormes y hasta pucheros, que se borran al instante en cuanto se sale con la suya. ¡Se ha convertido en un pequeño tirano! Así que cada día intento negarle alguna cosa, para que vaya entendiendo que no siempre puede tener lo que quiere. Ya sé que es sólo un bebé y que no sabe cómo lidiar con la frustración, así que intento tener paciencia y evitar que se ponga a aporrear el suelo con la cabeza. Muchos abrazos y nada de gritos, que ya bastantes pega él, y a capear el temporal. Pero como esto dure hasta los cuatro años se me va a hacer MUY largo.